Andaba yo entusiasmado leyendo un libro (no, no se trata de “De joven fui de izquierdas pero luego maduré” de Toni Canto, “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos” de Bukowski o “Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos” de Emmanuel Carrére que no es otra cosa que la biografía de Philip K. Dick) cuando puse la tele y ya nada fue igual.
A quién se le ocurre. Había acaecido un hecho trascendental para nuestras vidas. Sobre todo eso. Me refiero a las vidas de algunos humanos de Mérida que son las que tengo más a mano. Falleció una persona de 96 años. Lo he escuchado o leído cientos de veces. Miles diría.
Enseguida fui corriendo a uno de los -para mí- sitios más divertidos y didácticos, estadísticamente hablando, de internet. https://www.worldometers.info/es/
Worldometer -busco la definición en Wikipedia y termino antes-, anteriormente Worldometers (plural), es un sitio web de referencia que proporciona estimaciones y estadísticas en tiempo real para diversos temas basados en diferentes algoritmos. Se encuentra disponible en 34 idiomas y cubre temas como población mundial, gobierno, economía, sociedad, medios de comunicación, medio ambiente, alimentos, agua, energía y salud
De ese sitio de internet saqué los siguientes datos (¿me fío?): a día de hoy y a estas horas -07:48 horas- en el mundo han fallecido 52.415 personas. Y la cifra va subiendo constantemente.
No sé cómo lo harán para contabilizar tantos datos a ese ritmo. En el día de ayer la cifra era similar. También cuentan que en lo que va de año en el planeta han fallecido 40.489.035 personas. Y subiendo.
En otro sitio leo que son casi ciento cincuenta mil personas las que mueren al día en el planeta.
Sigo tirando de internet. Escribo en el buscador Google “Reina Isabel II” y me dice que en 0,71 segundos se han encontrado “aproximadamente 186.000.000 resultados”.
No. El libro que escribí al principio que estoy leyendo no es el del psiquiatra Viktor Frankl titulado “El hombre en busca de sentido”, es otro, una novela de una mujer que falleció hace unos días con 53 años.
Llevo quince o veinte páginas del libro y en ellas ya han aparecido la Escuela Oficial de Idiomas de Mérida en la que estudié yo, el bar Gambrinus dónde trabajó un hermano mío y una conversación (páginas 29 y 30) que quiero transcribir:
-Es tardísimo. He de llegar al centro antes de las dos. Tengo que recoger unos libros en la librería Punto Aparte.
-Descuida -la tranquilicé-, conozco a María, la dueña, y siempre es la última en cerrar. Si no la pillas allí organizando cajas, la encontrarás tomando una caña en el Pestorejo, el bar de al lado.
¿Punto Aparte? ¿María? ¿El Pestorejo? Pero si yo compro libros en Punto Aparte y tomo cañas en el Pestorejo con María. ¡Y salen en una novela! ¿A que es para llenarse de entusiasmo?
En resumen: dejo de leer una novela en la que sale un trozo de mi vida, de la de MJ y María, contada por una persona que no podrá volver a escribir para ver en la tele -en Facebook, periódicos digitales, blog…- cómo repiten una y mil veces que una mujer de 96 años -inglesa para más señas- que pasó a la historia. Las otras ciento cincuenta mil que mueren día a día también.
Estos días paso de poner la tele (me temo que lo de la reina fallecida va a durar diez días), prefiero leer “Estricnina” de Mercedes Sáenz Blasco, la novela a la que me refería al principio y que a pesar de que me llene de tristeza y a la vez de ternura y entusiasmo, me puede ayudar a encontrar -aparte de otros sitios de Mérida- el sentido de la vida. De mi vida que para mí es más importante que la de Isabel II aunque mi nombre no salga “aproximadamente 186.000.000 resultados” en Google.












