La noticia, de que había una orden para derribar el pantano de Valdecaballeros (lo ordenaba una resolución publicada en el BOE el 14 de marzo dictada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que ordenaba, «la demolición del embalse de la extinta central nuclear y la restitución a su estado original de los terrenos» en un plazo máximo de seis meses) fue la gota, con la que a pesar de la sequía, desbordó, la acumulada extrañeza y el cabreo ciudadano. ¿Pero qué dicen? Porque no era posible, que en una época, en la que se precisan modos y medios para retener el agua, por «la pertinaz sequía » a alguien se le ocurra destruir lo que ya hay para conservarla.
Y en las redes sociales, solicitaban, angustiosamente, que enviaras este mensaje: «Todos contra la destrucción de la presa de Valdecaballeros. Que todos los extremeños lo conozcan, por favor. Cinco reenvíos cada uno. Por el agua, por el mundo rural, por Extremadura».
Y no fueron sólo los extremeños los que enviaban este SOS, se ha enviado y recibido de todas partes de España.
Porque la reacción, además de extrañeza, ha sido de indignación. Incluso entre los motivos por los que se pretendía la demolición, llegaron hasta sospechar si esta, no formaba parte, de la política de (des)- Memoria Histórica que estamos sufriendo, queriéndose cargar los pantanos que mandó construir Franco.

Bien es cierto, que la planificación de la construcción de pantanos en esa época, en España, si se analizan los motivos, por los que se construyeron, no se buscaba, principalmente, su utilidad para el regadío y la aportación del agua a ciudades y pueblos, sino la de proporcionar energía eléctrica, que una vez más, no revertiría directamente en el desarrollo de las regiones, en las que inundaba miles de hectáreas, y en las que se producía, sino en otras, que en aquel momento eran de especial protección, consolidando la existencia de las dos Españas, una, en la que se producían las materias primas, y la otra en la que se conseguía el valor añadido, una, de la que surgía la mano de obra, y la otra a la que iba. Y desde allí se enviaba esa energía producida, que alimentaba la creciente industrialización y desarrollo, de estas regiones privilegiadas.
Pero el agua, ya no es, un elemento imprescindible en la producción de energía eléctrica, y ante las hidroeléctricas y Nucleares, ha surgido la alternativa de las placas solares, ahora es, sobre todo, un bien imprescindible y valioso, y una riqueza de los lugares en los que se encuentra. Algunas CCAA, lo han descubierto ahora, y comienza, cada una, a defender sus propios recursos.
Por ejemplo, ante las protestas y alarmas de los valencianos y murcianos, por la pérdida del control de los Transvases, el presidente de Castilla la Mancha, sr. Page, decía recientemente: » Que va a defender con todas las fuerzas, que la región disponga de agua suficiente, y que ninguna empresa que esté pensando en emprender un proyecto en la tierra lo pueda poner en duda por la falta de agua.»
En Extremadura, nuestros políticos se han echado las manos a la cabeza, ante semejante decisión, de derribar el pantano de Valdecaballeros, pero sin embargo no debería haberles sido nada extraña, porque, el: «Borrador de Estrategia Nacional de Restauración de Ríos 2022-2030» Tenía como fecha «Inicio:15/11/2005-Fin:16/12/2022» para estudiarla y proponer alternativas .Y no creo que nadie lo rebatiera en ese tiempo.
Y esto es lo que decía:
«La Estrategia Nacional de Restauración de Ríos se inició en 2005, con el objetivo general de impulsar la recuperación de las masas de agua, contribuyendo así a que alcanzaran el buen estado o el buen potencial ecológico (de acuerdo con lo establecido en la Directiva Marco del Agua), dando respuesta complementariamente a otras demandas normativas, técnicas y sociales. Dicha Estrategia desarrolló un plan de acción basado en el diagnóstico de la problemática de los ríos españoles, señalando las prioridades de actuación para su conservación y definiendo cuatro líneas principales de trabajo para su consecución: un programa de protección y conservación, un programa de restauración y adaptación al cambio climático, un programa de voluntariado de ríos y un programa de seguimiento e implantación.»

Y de todo eso, viene lo de Valdecaballeros o de otros, como el de Teruel: La noticia era de febrero del 2023, por la que Iberdrola, debía de hacerse cargo de la demolición de la presa de Toranes, sobre el río Mijares a su paso por Albentosa (Teruel) porque el plazo de explotación de 75 años, al darse la concesión en 1943, habían cumplido en el 2018. Y ya su rentabilidad era dudosa, por lo que Iberdrola, se la daba al Estado, y este sería en cualquier caso quien debería derribarlo, pero:
«El Ministerio para la Transición Ecológica exige el derribo con informes de la Confederación Hidrográfica del Júcar que plantean que su mantenimiento es “contrario al interés público, a las exigencias medioambientales y al plan hidrológico” y su rentabilidad, “dudosa”.
No sé si, en lo de lo del interés público, entran los pueblos del entorno, a los que no les ha hecho puñetera gracia, la decisión.
Porque causó indignación en los alcaldes de los pueblos de alrededor, como: Olba (el más cercano, de 226 habitantes), Albentosa y San Agustín. Hasta tal punto, que para evitarlo, el Gobierno de Aragón intentó declarar las instalaciones Bien de Interés Cultural. Pero esto es de competencia Estatal y no pudieron hacerlo. Y los de los pueblos, se quejan de que “se está jugando desde una silla, con los sentimientos de una comarca y de unos vecinos de la España vaciada, a los que el Gobierno central no ha escuchado. «Todavía estamos esperando a que nos reciban en Madrid”. Decían los alcaldes.
Y es que el caso de Valdecaballeros, ha destapado una situación de hecho, que lleva produciéndose desde hace años.

Podríamos pensar que ante las «pertinaces sequías», lo lógico sería, que en lugares con necesidad de agua, se construyeran embalses, para regular los flujos, y almacenarla para cuando se necesite.
Pues no. España tenía hasta hace poco unos 1226, embalses y pantanos, ahora ya no se sabe, pero menos, porque a algunos les parecían muchos, porque como afirman los de Ecologistas en Acción, son una traba ya que » al interrumpir el camino migratorio de los peces…reduce la biodiversidad del entorno». Así es que, no sólo no se construyen ya nuevos embalses y presas, sino que sólo en el 2021 se destruyeron más de 100 presas. Y el argumento para el desmantelamiento, era el de » permitir que los ríos regresaran a cauces naturales, por lo que la fauna fluvial podrá desplazarse sin el impedimento que suponen estas moles de hormigón». Y este plan no es una cosa individual, propia de un grupo animalista, sino que esta «política» de eliminación de obstáculos», se enmarca dentro de la «Estrategia Nacional de Restauración de Ríos», que viene implementándose, desde hace ya más de 15 años, destruyendo embalses.

Como resultado, hasta 2021 se han demolido un total de 634 azudes y presas obsoletas en los ríos españoles y se han construido hasta 612 sistemas de paso para peces. Esta permeabilización de barreras ha permitido la reconexión de más de 2.600 km de tramos fluviales en cuencas intercomunitarias.
Ya sabe, cuando los agricultores no puedan regar, y usted abra el grifo y no le caiga agua, no se cabree, alégrese, porque los peces están felices remontando, o bajando, los cauces de los ríos, sin impedimento de presas que retienen el agua, y como los ascensores para peces todavía no se han inventado, así es que mejor según algunos, que se tiren los pantanos y así, les facilitan los paseos.












