«Don Celso no era necesario que pidiese usted disculpas» o «es curioso que como está la cosa quien pida perdón sea un cura». Estas perlas, pronunciadas por el presidente de la Junta de Extremadura en Badajoz, en la celebración de la festividad de los Santos Ángeles Custodios, día del Cuerpo Nacional de Policía, ponen en entredicho la manera de ver la vida y la política de Guillermo Fernández Vara.
Don Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz, dijo en rueda de prensa que la Junta discriminaba a Badajoz en cuanto a la concesión de las ayudas económicas para el patrimonio eclesiástico de la provincia. Mientras a Plasencia y a Mérida la Administración Regional destinaba 150.000 euros a Badajoz sólo le entregaba un euro. Es lo que dijo el arzobispo, criticando a los técnicos de la Junta por actuar de esta forma.
A los dos días, monseñor Celso Morga reculaba y pedía disculpas porque se le había «calentado la boca», asegurando que hablaba de «memoria» y que no era su intención arremeter contra los técnicos.
Aquí debía haber quedado la cosa pero Fernández Vara, que en ocasiones es más chulo que un ocho, tenía que dar la nota en un acto oficial de la Policía, un tanto por hacerse el gracioso, un tanto para pecar de soez. No se puede olvidar que el presidente mandó a tomar por cu– a los que pusieran chinas en el futuro de Extremadura. Al día siguiente, reconociendo haber sido soez, no dio marcha atrás y se envalentonó delante de los periodistas.
Puede que en esta actitud crecida y de machote esté la explicación de decirle al arzobispo que no pidiese disculpas. Monseñor Celso Morga ha hecho lo correcto y el presidente Fernández Vara ha hecho el ridículo. Naturalmente que cuando uno se equivoca debe pedir disculpas, como hizo el arzobispo, quien actuó de la manera adecuada a las circunstancias. Pero Fernández Vara ha quedado como un maleducado, por no llamarle «chulo paneras», aunque sea por el cargo y la representatividad que ostenta.
El presidente extremeño debe cuidar las formas y no meterse en jardines que, precisamente, no desprenden unos olores muy agradables. Fernández Vara debe cuidar las formas y sus discursos, sobre todo después de que haya importantes proyectos en marcha y muchos pendientes de un hilo. Qué pensará un inversor de un presidente maleducado y soez. Señor presidente, se pueden hacer gracietas, pero lo que no se puede es ser un gracioso de tres al cuarto que, encima, pretende que aquellos que se equivocan no pidan perdón.
Señor Fernández Vara, aprenda usted del arzobispo Morga y confiese sus pecados en público, para que todos se den cuenta de que usted también es una persona noble y, ante todo, educada. No hacerlo es una grave equivocación que da alas a la oposición para tenerlos en la retaguardia y sacarlos cuando sea preciso.












