Me he juntado con un amigo que dice que utiliza agua de Carabaña cuando le duele la barriga porque se pasó jamando patatas bravas y tocino añejo. Dice que ese agua se lo toma a espuertas, casi tanto como el aceite de ricino. Aceite que usa para quitar lunares, dar brillo a las pestañas, como lubricante y como laxante.
Y si se pone malo aspirina y penicilina, que es lo más moderno y mejor que han inventado.
Luego ya, si le dan tirones musculares utiliza linimento Sloan, el del tío del bigote, es mano de santo. También dice que a sus niños les restriega los churretes de los brazos y los mocos con jabón lagarto y luego los adorna con colonia pachulí para que sepan lo que es oler bien.
Luego les da pastillas Juanola y tan contentos. Juanito, el tercero de sus hijos, pronto va a ser mocito, le va a tener que comprar pantalones largos. La mayor ya se ha puesto a servir.
Él todas las mañanas, nada más encender la luz de la habitación accionando la pera comprueba satisfecho que su santa esposa lleva un rato levantada haciendo las labores propias de una mujer. Eso dice. No quepo en mí de mi asombro.
Él se levanta más tarde porque para eso es el hombre de la casa y lleva lo importante, las cuestiones de responsabilidad. Dice.
Los domingos y fiestas de guardar va a por churros para toda la trupe y aprovecha para tomarse una copita de Veterano con los amigotes porque ya se sabe que el coñac es cosa de hombres. Si salen de paseo, su mujer, prefiere beber zarzaparrilla que es más de señoras.
Los días de diario, cuando va a la oficina, lleva su pajarita, sus manguitos y sus anteojos. Allí le esperan su escribanía, su máquina de escribir -tan moderna que ni sabe cómo funciona-, su papel de calca, su secante y su plumilla.
Para tener la conciencia tranquila da limosna para los negritos cuando ve a algún escolar con la hucha del Domund.
Siempre lleva en la cartera estampas de santos y fotos de sus cinco hijos. A veces pone el transistor para escuchar los consejos de Elena Francis o el serial radiofónico de Guillermo Sautier Casaseca titulado “Ama Rosa”. Y los domingos no puede faltar el Carrusel Deportivo.
En el armario ropero guarda el orinal de cinz que está un poco desportillado. En la mesilla de noche deja la funda de las gafas de cerca junto al misal de su señora esposa. Ella le tiene la casa llena de estampas de santos y cuadros con escenas de caza y bodegones y fotos de sus padres y de los niños.
Pronto comprarán una tele en blanco y negro para poder ver la uno y la UHF. Seguro que su mujer la quiere para ponerle encima un tapete de punto de cruz que haga juego con el que está encima del sofá, el de la mesa camilla y el del mueble del salón.
Cuando él va al bar a echarse el vino de pitarra con los amigotes juega siempre unos cuántos boletos de lotería y se toma unas olivas y unos altramuces. A veces se lleva a los niños, por el camino les compra unos cromos de fútbol y unos palodú de palo y ellos se entretienen solos.
Los viernes, en cuanto los niños se acuestan después de haber rezado de rodilla junto a la cama, él y su santa esposa se sientan a la camilla, él pone los pies en la tarima mientras su abnegada mujer, qué gran mujer, da vueltas al brasero de picón con la badila. En cuánto se ponen a ver el “Un dos tres” de Kiko Ledgar y los Supertacañones, y las mozas de impresión que salen medio desnudas y con unas gafas redondas, muy grandes y sin cristales, aunque en eso se fija poco, su mujer se duerme como una bendita.
Él le da unos codazos para que vea lo simpático que es el presentador y ella le dice como todas las noches, que es un pelmazo. Y ya que está despierta le recuerda, ella a él, que le va a dar un empacho porque cenó mucho y que le está haciendo una chaqueta de trencilla biselada para cuando vayan a misa de doce el domingo.
No sabe para qué despierta a su mujer porque empieza con la cháchara, que si el domingo hará suflé porque vendrá su madre a comer que seguro le trae unas perrunillas y unas torrijas, que el otro día le dio flato y tuvo que ir al dispensario, que si ella irá al economato a comprar lentejas que tienen mucho hierro, que cuánto le gustan a los niños las onzas de chocolate con pan, que un vecino tiene un coche topolino y ellos ni siquiera tienen un Seiscientos, que el chaleco de punto de color marrón que lleva a la oficina es de pobres por eso le hará uno azul…es cansina su señora esposa.
Viajar en el tiempo. Con un amigo. Sí.












