Atareados como estábamos con las cosas de Waterloo, se nos olvidaba la celebración de la asamblea ordinaria del Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino. Saludo real y fotográfico, pisando firme sobre la de Crevillente, que ríete de la de alfombra roja y el “photocall” de la ceremonia de entrega de los Óscar de aquella otra “academia” hollywoodiense.
Al tiempo, el prófugo, Molt Honorable Señor e inminente amnistiado, se da un baño de multitudes, ante un puñado de estómagos agradecidos e independentistas pijos o autoproclamados cristianos quienes, lejos de evangelizar y universalizar la palabra dada, se dedican a declarar al supuesto “Mesías”, santo y mártir, dispuesto al sacrificio interminable de seguir viviendo de su cansina y falaz oratoria, siempre amparado por la directa o indirecta nómina del Estado del que reniega.

Como si de la serie del Ministerio del Tiempo televisivo se tratase, se retrotrae al siglo XV, pone por caso (porque él es muy de aquel siglo), tan sólo hay que fijarse en el peinado que me gasta “el menda” para confirmar en dónde se quedó. Tupé sólo superado por el de su colega Kim Jong-un, otro iluminado que tal baila, Grande de Corea y con Título de su propio Reino por heredero de sus parientes paternos más cercanos e incluso “Mesias” por la Gracia de China.
El Rey Felipe VI presidiendo la asamblea ordinaria de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino en el Palacio Real de El Pardo. ¡Ay! si las paredes hablaran, lo que se ha debido escuchar y disfrutar entre esos muros por parte de los dos anteriores Jefes de Estado. En ésta ocasión, a la cita acuden los miembros y herederos de la alta nobleza española.
Que se sepa, entre los llamados, nadie ha prestado ningún servicio extraordinario a nuestra nación. Apenas heredar y vivir, de manera más que confortable, de lo que sus antepasados les han legado. Desde la década de los setenta del siglo XX, ni el rey ni su padre habían presidido ninguna reunión ordinaria del aristócrata Consejo.

Mientras, en Elna (según don Carles: “Cataluña del Norte”) villa medieval de los Pirineos Orientales franceses muy próxima a la frontera española, Puigdemont le hace un “corte de mangas” a la Corte Real y aristócrata reunida en El Pardo y le advierte, por si algún ignorante aún lo dudaba, que se presenta como candidato a la presidencia de la todavía española Comunidad Autónoma de Cataluña.
¡Viernes de Dolores! Viernes anterior al Domingo de Ramos, comprendido dentro de la quinta semana de la Cuaresma, conocida por la religión cristiana como Semana de Pasión, inicio de la Semana Mayor y preludio de la Semana Santa en la católica, apostólica, aconfesional y eterna España de procesiones de penitencias perennes de desiguales y ventajistas, expiando las felonías de cortesanos y herederos aristócratas o políticos trileros e independentistas, herederos de Jordi Pujol i Soley.












