Feijóo, desde que llegó a la capital del reino está en un “sin vivir”. Cuando pacía en Galicia no nos enterábamos que era un indigente intelectual. Fuera de su hábitat ha comprobado otra realidad a la inventada y en un ataque de sinceridad ha sucumbido al “Sanchismo”. Indultos, amnistía, pactos de reconciliación, ausencia de terrorismo en Puigdemont y lo que haga falta. Lástima que este momento de lucidez para evitar la ruptura de España haya sido de trayecto tan corto, tras oír el silbido repetido de los lanzadores de cuchillos de la calle Génova.
Nadie le dijo que no iba a ser fácil. Pasar del yate acolchado, a la asfixiante meseta, yendo de pueblo en pueblo, de manifestación en manifestación, de Bonilla a Ayuso y sin poder montar en Falcon. Feijóo es un hombre que se está haciendo a sí mismo. Comenzó dando un triple salto mortal, explicando su amistad con el narcotraficante Marcial Dorado unos días antes de las votaciones; maestro del encaje de bolillos haciendo de “chivato” en Europa, y finalmente experto ingeniero de minas, colocando dinamita en todas sus partes nobles. ¿Tiro en el pié?. No, voladura descontrolada desde el mascarón de proa hasta el timón en popa.
De su prioridad de aprender inglés en cien días, por necesidades del guión del 23 de junio, pasó a un aprendizaje urgente en malabarismo, destacando muy pronto en ilusionismo, prestidigitación y funambulismo, para perpetuar la especie de los de su clase, evitando no romper el frágil equilibrio entre decir una cosa y la contraria, sin que se note.
Y ahora se encuentra pillado de pies y manos; la espada de Damocles sostenida en su cabeza, con aros circunvalando a velocidad supersónica en sus antebrazos; su manos mueven dos palos de madera manteniendo en rotación a unos platos chinos, mientras sus piernas se elevan sobre unos zancos para superar la ciénaga tras Casado o caminando sobre un alambre flojo entre Vox mediante y la tonta del bote. Domina las pelotas de malabares, mazas al aire, cariocas de fuego, aros, bastones del diablo y se olvida de lo más importante; aprender lo de los machetes, zumbando a toda pastilla por el aire. ¡Pobriño!
Sí, yo creo que en el PP han pretendido hacer una nueva voladura controlada. Que el PP, en el intento de investidura de Feijóo como presidente, ofreciera el Ministerio de Industria, infraestructuras, más competencias autonómicas lo tienen amortizado. Aznar ya hizo el Pacto de Majestic con Pujol y no lo llevaba en el programa.
Pero que tras la tabarra dialéctica de acabar con Pedro Sánchez, ser el partido campeón de las elecciones, representar a la España de los españoles, ofrecernos un verano azul de NO-DO, nos desayunemos con los contactos con ERC para conformar una mayoría, no es para dar crédito, si no fuera porque a estas alturas una gran mayoría conoce al PP, en el que todo es posible.
No había otro más espabilado de los diputados del PP en el Parlamento para un acercamiento a ERC por parte de la derecha, que D. Carlos Floriano. Solo el pronunciamiento de su nombre invita a la carcajada, a mandíbula batiente. Tampoco hubiese mejorado la cosa mandando al senador, José Antonio Monago; el subvencionado viajero a Canarias, con ilustre implantación de pelo en Estambul, acusando de lawfare al PSOE para conseguir el gobierno de forma ilegítima. Trabajo nos costó a los de la dehesa mandarlos para Madrid y que no vuelvan.
No se rasguen las vestiduras. Aunque nieguen lo que queda en hemeroteca, ha sido el planteamiento político más certero que han hecho. Saben que sin sus amigos siameses de Junts nunca tocarán pelo. Machado lo explicó muy bien en un proverbio inolvidable: “La verdad es lo que es , y sigue siendo la verdad aunque se piense al revés”.












