Victoria pírrica de VOX en las arduas y duras negociaciones con el Partido Popular de Extremadura. Primordial situar los resultados de partida para analizar lo realmente sucedido. El porcentaje de votos cosechado en los comicios del pasado 28 de mayo por el partido político VOX en Extremadura ha sido del 8,12% del total de los votos emitidos y conlleva la obtención de pleno derecho de cinco parlamentarios en la Asamblea de Extremadura.
Por su parte, el Partido Popular obtuvo el 38,84% de los votos y ello se traduce en 28 escaños del hemiciclo extremeño. Tras la aciaga noche de autos, en la que de todo hubo, se hacía necesario quedar claro el resultado del tercer y el segundo clasificado en el resumen del escrutinio.
Dicho lo cual y como de sumar se trata: 8,12% más 38,84% da como resultado 46,96 % del cómputo total. En números enteros y para evitar discusiones vacías, el PP consiguió 236.235 y VOX 49.400 votos.
Una vez fijados los datos contables iniciales, siquiera sea, desde el punto de vista estadístico y matemático, me centro en los filosóficos y políticos. Ambos partidos son de derechas, conservadores, según la categorización tradicional nacida en 1789 durante la revolución francesa.
No entro aquí a discernir esa estrecha franja del espectro, tierra de nadie y tan deseada por todos: liberales, neoliberales y socialdemócratas, que hemos dado en denominar centro político.
Establecido lo anterior, me permito narrarles una anécdota que estimo viene al caso, ocurrió en Mérida durante los años de la transición española. Dos socios en un negocio de compra y cebo de terneros, a los cuales estimo y debo buena parte de mi vida profesional, estaban estudiando el balance anual y la cuenta de pérdidas y ganancias (echando cuentas) ayudados por el contable de uno de ellos, en la oficina sita en la cuesta que baja desde la torre de Mérida hasta la inútil estación de trenes, en la emeritense calle Cardero.
El mayor le dio la palabra al contable para que explicara a su socio la situación real de las cuentas, una vez cerrado el año agrícola el día uno de julio. “Jesús”, le nombró el mayor, “este año las cuentas no son muy positivas, es más, tras la exposición del contable has podido comprobar que hemos perdido dinero. Así que vamos a tomar un café y a desear que el próximo ejercicio sea positivo”.
Jesús, mucho más joven, maestro de formación y tratante de ganado de profesión, hábilmente le respondió: “don Pelayo, estoy de acuerdo en las cuentas que me presenta su contable. ¡Pero, discrepo en su interpretación!” El mayor, tras un respingo en su sillón, rápidamente exigió una explicación, entendiendo su honor mancillado y, tal vez, una duda en la exclamación del más joven.
“No se altere don Pelayo”, le respondió Jesús, “que enseguida le argumento. Las cuentas son correctas hasta el último céntimo. No seré yo quien dude del contable de mi socio. Ahora bien, quede claro que ni usted ni yo hemos dejado de ganar en esta nuestra común empresa”. El mayor ya más tranquilo, al ver que el joven no le había faltado al respeto, le pidió que le explicara su discrepancia.
“Puesto que me pide que le aclare el entuerto, le informo que estoy seguro que ambos hemos ganado. Por mi parte, cada vez que hacía un trato sisaba lo que buenamente podía y usted al moler los cereales que servían de sustento a los terneros que hemos cebado en común, sisaba lo que podía”.
“De tal guisa que, siendo ciertas y exactas las cuentas presentadas, es más cierto que ambos hemos ganado en el negocio y coincido con usted que el próximo año, gracias a esta primera exposición de cuentas, será mucho más positivo. Espero sea suficiente lo expuesto”.
A lo anterior, don Pelayo, respondió: “vayamos a tomar ese café, que sin duda no me equivoqué a la hora de elegir a quién debía ser mi socio”.
Desde entonces y hasta hoy en día, ambas familias siguen haciendo negocios y lo que es todavía más meritorio se siguen queriendo y respetando. Cosas de familia.
Pues igualmente acaba de ocurrir en la primera negociación entre PP y VOX. En lo matemático de acuerdo y una vez aclarado que el honor y la honra no se ponen en duda los negocios venideros, seguro, serán más positivos. Cosas de familia.
“In memoriam” de don Pelayo Moreno Caballero y con cariño y respeto para mis amigos: su hijo Pelayo Moreno Sánchez y Jesús Verdugo Fernández (“Maestrino”).












