Me llama la atención que en la página 285 de “El libro de España” publicado en Huesca el 10 de diciembre de 1954 por la editorial Luis Vives S.A. (Edelvives) después de las sucesivas censuras (por parte de un canónigo y de dos obispos) dicen que las “tres figuras de primera magnitud” de la Historia de la cultura en España son Francisco Jiménez de Cisneros, Juan Ruiz, arcipreste de Hita y Miguel de Cervantes Saavedra. Curiosamente los tres relacionados con Alcalá de Henares, esa bella ciudad universitaria y musulmana, judía, cristiana, renacentista y barroca, en donde nacieron entre otros Cervantes y Manuel Azaña y que le debe lo que es, cierto, al Cardenal Cisneros.
El Cardenal Cisneros, franciscano, arzobispo de Toledo, confesor de la reina Isabel de Castilla e inquisidor real entre otras cuestiones principales, fundó la Universidad de Alcalá en 1499, conquistó Orán, fue fraile, caudillo, ministro y “toda España me obedeció como rey” como dice él en su epitafio.
Según la Historia es, quizás, el mayor hombre de Estado, un hombre que dedicó sus últimos años a conservar el legado de los Reyes Católicos.
No se sabe que “entre 1499 y 1500, mandó destruir la biblioteca nazarí en Granada. Con el celo de eliminar todo aquello que contribuyese a la impiedad mahometana, ordenó una quema de libros en la plaza de Bib-Rambla, en aquel entonces conocida como Puerta del Arenal, donde fue convertido en cenizas todo el acervo poético, histórico y patrimonial de la cultura nazarí, salvándose únicamente los libros de medicina.”
En «El libro de España» de 1954 se añade que era “hombre severo, íntegro y de cuestiones intachables” y que “hacía gran uso de la artillería”.
Luces y sombras en un personaje -asceta, austero e incorruptible escribe de él el historiador Fernando González de Cortázar- importante en la historia de España.
Apasionante, distorsionada, olvidada, manoseada y llena de luces y sombras, Historia de España.












