Da igual que el Ayuntamiento de Plasencia haga pública la ampliación horaria permitida por la Junta de Extremadura, que dictamine normas de convivencia que no hace cumplir, que haya leyes reguladoras del descanso como derecho fundamental, tanto nacionales como autonómicas. Pues ni así. El alcalde de Plasencia, Fernando Pizarro García, dice una cosa y hace otra. Anuncia normalidad y efectividad en el cumplimiento de las normas que él mismo establece pero que después no hace cumplir. Así lleva la Ciudad en sus 12 años de mandato y cuatro más que quedan. Su mendacidad no tiene límites. Además, así está de crecido el «patán» «chapoteando en las mismas mentiras y contradicciones«, esa trapacería y arbitrariedad en sus decisiones sin tener en cuenta el padecimiento de los vecinos sufridores de estos incumplimientos. Y eso que el derecho al descanso es un derecho fundamental, pues ni así repito.
Sigue sin tener en cuenta los efectos adversos en la salud. La contaminación acústica afecta al Medio Ambiente, además de vulnerar derechos constitucionales como la inviolabilidad del domicilio y la intimidad personal, entendida como esfera más reservada de los ciudadanos para evitar interferencias externas. Una prolongada sucesión de niveles de ruido insoportable transgreden a la salud y a la integridad física si persisten esos niveles sonoros que generan grave riesgo para la salud de las personas.
Todo los valores límites de emisión e inmisión de ruidos, están recogidos en la Ley Estatal como en la Autonómica y, sobre todo, deben quedar recogidos en la Ordenanza Municipal. Ordenanza, que en los doce años de gobierno de Fernando Pizarro García, aún se encuentra en estudio.
En el interior de los domicilios no se puede superar los 30 dB, durante las noches y el el exterior entre las 23,00h. y las 07,00h. los 50dB. El Ayuntamiento tiene la potestad en su Ordenanza de reducir estos valores pero no aumentarlos. La Organización Mundial de la Salud se lo recomienda para que los Ayuntamientos tengan un margen de 10dB, en reducirlo, no en aumentarlo, que contravendrían las normas estatales y autonómicas que no pueden superar.
Entre tanto, el Ayuntamiento de Plasencia sigue sin escuchar las múltiples denuncias de vecinos y de la Asociación Vecinal Intramuros a la que continúan llegando quejas de ciudadanos. En este mismo Martes Mayor, según fuentes directas de vecinos, ha habido quejas y llamadas a la Policía Local, pero se limitan a contestar que “avisarán a la Patrulla que está en la zona”. Mas la concentración sigue en la calle, el exceso de aforo, las puertas abiertas de los locales, el incumplimiento de las condiciones de la licencia, música a todo volumen para ser escuchada en toda la calle y aledaños; y entre todo este maremágnum de incumplimientos el vecino sufriendo el ruido y la escandalera sin que la Policía haga acto de presencia e invite al local a cumplir la ley.
El propio Tribunal Supremo en una reciente sentencia sobre contaminación acústica indicaba: ”que son una fuente permanente de perturbación de la calidad de vida, suponiendo un importante peligro para el libre desarrollo de la personalidad “. Pues ni aun así, tiene en cuenta el alcalde de Plasencia la jurisprudencia del TS.

No queremos perder las tradiciones de nuestra Ciudad y, en este caso, esta festividad del Martes Mayor que tiene sus orígenes en la fundación de la ciudad, debe mantenerse, pero es urgente el corregir lo que en exceso está agrediendo la salud de los ciudadanos residentes en las proximidades de estos locales de ocio.
Es el Ayuntamiento el que debe planificar y tomar medidas alternativas que conlleven corregir los excesos de ruidos en las viviendas procedentes del exterior. Por tanto, tiene la obligación de controlar y supervisar esta contaminación acústica que está dañando la salud vecinal con el empleo de instrumentos de medición homologados y establecer medidas preventivas y correctoras para evitar estas molestias al ciudadano. Además de la potestad sancionadora.
Invito al alcalde de Plasencia a reflexionar sobre todo este daño que están sufriendo los residentes, sobre todo en el casco histórico por la concentración de locales de ocio, y que cuando anuncie normas a seguir las haga cumplir, anunciando la verdad. Le recuerdo lo que decía Don Miguel de Unamuno: “que lo propio del hombre no es tener razón sino tener verdad”. He dicho.












