El obispo de la diócesis de Coria-Cáceres, monseñor Jesús Pulido Arriero, ofició ayer mañana su primera misa en la antigua villa de Granadilla, capital de arciprestazgo de su nombre hasta su desaparición como municipio, para oficiar la misa de Todos los Santos en vísperas del Día de Difuntos, en que los antiguos habitantes y descendientes de la villa acuden a ella para honrar a sus deudos, al igual que ocurre el 15 de agosto, festividad de la Virgen de la Asunción, su patrona, para festejarla.
Es la primera vez que el nuevo obispo de Coria-Cáceres visita por primera vez la antigua villa, como también hicieron sus predecesores, en alguna de estas dos festividades. A la ceremonia ha asistido más de un centenar de antiguos feligreses, así como sus descendientes
Antes del oficio, el prelado visitó las instalaciones de la iglesia, recientemente dotada de iluminación, tanto en el altar mayor, como en el baptisterio.
En su homilía, el obispo recordó que el templo recuerda la memoria de quienes lo construyeron, como el día de la festividad nos evoca la presencia de Dios, Todos los Santos “vivos en su presencia, que no los crio para la muerte, sino para la vida” y recordó que “no somos santos cada uno por su cuenta, porque no nos salvamos si no estamos unidos”.












