(Evangelio de San Mateo, capítulo 26, versículos 51-52).
Andan las plañideras muy atareadas en Mérida en estos días, entregadas profesionalmente a la húmeda y lacrimógena misión. Bien harían en recordar no sólo las virtudes del candidato “in pectore”, silencioso y sibilino tal cual fue en la anterior batalla. Por cuánto traicionó, ni treinta monedas de plata, apenas la esperanza débilmente susurrada, según ahora descubre, de sustituir al líder. Una vez alcanzado su trato con el Sanedrín y sembrado el desconcierto, escasa recompensa. ¡Qué poquito ha cosechado!
En los soportales del Excelentísimo Ayuntamiento de “Augusta Emerita”, lastimero y casi melodramático este Judas Iscariote, calculando como se le aleja la promesa, casi certeza, de su nombramiento nunca publicado. Bien haría, aquel al que hoy velamos, en hacer memoria y recordar cada paso que dio, cuán fácil es el tránsito de victimario a víctima.

No faltará quien oportunamente traiga a colación que, estando donde estamos, bien podría aplicarse la máxima: “Roma no paga traidores”. Y es que, definiendo la política como el arte de lo posible, está claro que al menos para el defenestrado, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Por falta de empeño y dedicación no ha sido, pero en la actualidad, ser varón y de avanzada edad no está bien cotizado en las organizaciones políticas.
Siendo empáticos, la cuenta está clara, para la próxima ocasión electoral habrá cumplido los sesenta y aun cuando atesora paciencia y aviesas cualidades, largo se lo fían. Este Bruto contemporáneo, que bien podría haber sido sobrino de Catón el Joven, participó en la conspiración que terminó con los años de supremacía de su partido en nuestra ciudad. No tuvo reparos en clavar su daga al presidente de su Junta Local, confabulando y erigiéndose en esforzado y voluntarioso portador de la “Cruz de Guía”.

Y siguiendo con la pragmática lección con la que la profesora nos ha deleitado en esta semana… nos trasladamos a Badajoz; que por cierto fundó el emeritense Ibn Marwán en el año 875. En esta ocasión cambiamos de registro y género cinematográfico, pasando del melodrama emeritense a la comedia pacense.

En 1983 se publicó, por vez primera, en el “Legal Times” la cita erróneamente atribuida al cómico Groucho Marx. La ya famosa frase: “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”, en realidad, apareció por primera vez en un periódico neozelandés en 1873 y el literal era: “estos son mis principios, pero si no le gustan, yo los cambio”. ¡Pues dicho queda!
Y todavía nos quedan: Cáceres, Plasencia, Don Benito, Villanueva de la Serena, Almendralejo, Olivenza… No les quepa la menor duda que nos esperan escenas magistrales en este sainete en el que se está convirtiendo la derecha política regional…












