Me pregunta un amigo por mi método de trabajo cuando escribo. ¿Trabajo? Para mí escribir no es un trabajo. Ni aunque me pagaran sería un trabajo.
Entonces me acordé de Rubianes -Rubianes, no Rubiales- que era un especie de Willy Toledo, pero veintitantos años más viejo, mejor actor y aunque igual de directos, corrosivos y políticamente incorrectos los dos, Rubianes era otro nivel.
Rubianes, gallego-catalán que falleció hace ya casi quince años, con 61, en sus monólogos era pura ironía, con esa voz de fumador -no sé si lo era, pero falleció de cáncer de pulmón- a lo Jordi Estadella -el presentador del “No te ría que es peor” y del “Un, dos, tres…” que curiosamente también falleció a los 61 años.
A veces se pasaba de frenada como cuando dijo, a lo Willy Toledo, una serie de barbaridades sobre España que aunque luego rectificó indicando que se refería a cierta España, le dejó marcado para lo poco que le quedaba de vida, que no fue mucho más.
Pudiera ser que su visión vital y su forma de ser y de decir estuviera asentada en la obra que representó en 1970, siendo universitario -era actor, pero estudió Filosofía…- y representó la obra “El enemigo del pueblo” de Enrik Ibsen, la historia de un doctor que denuncia que las aguas del balneario, principal fuente de ingresos del pueblo, están contaminadas y son un peligro para la salud.
Decir esto lo enfrenta a los poderosos de la ciudad que ayudados por los periodistas y a los medios de comunicación, incluso a su propio hermano, el alcalde, lo machacan: si llega a saberse que las aguas del balneario están infectadas, los clientes huirían, lo cual es un dilema: qué está antes, la salud del pueblo o los intereses económicos.
Sobre esto hoy en día no hay duda: priman los intereses económicos, pero la obra es del siglo XIX.
Ya nadie lee a Ibsen, el mejor escritor noruego de todos los tiempos
El doctor «enemigo del pueblo» se convirtió en un traidor, cuando lo único que hizo, guiado por sus fuertes convicciones, conocimientos y ética, fue decir lo que nadie quería oír.
Algo parecido ocurría con Rubianes -yo diría que también con el muy exagerado en sus formas, Willy Toledo-
Pero a lo que iba. Rubianes, en uno de sus monólogos titulado “El trabajo dignifica» que está en Youtube y dura dos minutos y medio, empieza contando que su familia tenía pensado heredar del abuelo, pero como solo tenía deudas, no le quedó -a él y a su familia- más remedio que trabajar, como hace el noventa y nueve como nueve por ciento de la humanidad.
El trabajo dignifica al hombre, el trabajo te honra, el trabajo te realiza, dice Rubianes para empezar a ironizar diciendo que el trabajo te pule, el trabajo te abrillanta, te da esplendor, para luego seguir con las palabrotas habituales de sus monólogos:
“El trabajo es la ost…, te pone cachond…, hay que ver lo cachond… que va toda la gente a trabajar a las seis o a las siete de la mañana, cantando y bailando por la calle: vamos a trabajar, vamos a trabajar, la lá, la lá.
Dónde váis con esa marcha matinera: «A tra, ba, jaaaar», contestan todos. «No he podido dormir en toda la noche esperando este momento de gloria», dice uno.
En los medios de transporte todo el mundo apretado, pegado: porque se quieren, dice Rubianes. Y jaleando al conductor porque están deseando llegar a su trabajo. Hasta el conductor del autobús o del metro está feliz trabajando a esas horas de la mañana.
Para mí escribir no es un trabajo, ni tengo método: escribo y ya.
Fin.












