Hace unos meses, a través de la prensa, se nos anunciaba que había tres espacios destinados a la que deberá ser la estación de alta velocidad del Norte de Extremadura. Al parecer, se haría público en el mes de marzo, aunque entiendo el retraso para hacerlo coincidir con los procesos electorales. De cualquier forma, creo que cualquier día tendremos sobrada información y espero que argumentación necesaria sobre su ubicación definitiva.
Que sea en Plasencia parece obvio aunque el hecho de plantear distintos escenarios, me escama. Yo creía que el espacio de Fuentidueña; por el que apostó el Presidente Vara en 2011 era definitivo, y añado que viendo el terreno de forma presencial, es el más lógico. Evidentemente a las afueras de Plasencia, en un terreno plano, pero cuya centralidad con respecto a Cáceres, Coria-Moraleja y comarcas del Norte, se adecuan a nuestro territorio. Centralidad, también, en relación a una futura construcción de la linea ferroviaria Plasencia-Salamanca. Afortunadamente, Europa ha contemplado recientemente, su incorporación a la Red Básica Europea de Transporte y ahora, solo hace falta, que el Gobierno Central, aprovechando su Presidencia en la UE, ponga la pica en Flandes. Hay que definirse.
Planteo esta cuestión sobre la ubicación de la estación, porque después de tantas idas y venidas con este tema, me he vuelto un desconfiado patológico. Me asalta la pregunta sobre esta triple alternativa, porque uno termina interiorizando que cuando se producen cambios de última hora es porque alguien gana y otros pierden. Como cuando se decidió, en el 2011, el cambiazo de estación Fuentidueña por remodelación de la estación de Plasencia. Confieso que no tengo ni idea de quién puede ser el beneficiario posible de un posible cambio de ubicación de lo que hemos entendido siempre como Retortillo-Fuentidueña.
Entiendo el desánimo ciudadano con el futuro de la estación y espero que la decisión final no produzca nuevos monstruos. Creo, sin duda, que esta estación será un hito para todo el Norte de Extremadura, comenzando por dar trigo a una capitalidad de Plasencia, hurtada en la realidad, que junto a la finalización de la Autovía a Monfortiño, favoreciendo los tiempos a Lisboa, y junto a la reapertura del Ruta de la Plata antes de 2040, resolverá el fondo de saco para nuestro futuro.
Ayer mañana, en la UNED de Plasencia, miembros de Manifiesto X Plasencia, hemos asistido a unas jornadas muy interesantes sobre “Una nueva comarcalización para Extremadura”, con la participación del Grupo Senior de Extremadura y otras entidades donde se ha hablado profusamente de las infraestructuras. Había representación local del PSOE, Podemos y Levanta y con la cantidad de liberados del PP, no entiendo su ausencia. Uno de los ponentes, al oír tesis parecidas a las que yo publico, en tono distendido nos decía, que en “Plasencia ya se estaba preparando la independencia”. ¡Muchas risas! Pero las intervenciones que dieron pie a esta reflexión estaban más en la dirección de querer estar dentro y no fuera del mapa de Extremadura. Puede que esta cantinela, tan simplista, nos lleve a una pregunta que levante salpullidos: ¿Quienes son los que ganan al repetirla, sin aproximarse a una realidad evidente? Realidad que por mucho que se quiera solapar, está ahí.
Una jornada valiente, ajustada a la lógica y no a propuestas partidistas. Aconsejo una aproximación a uno de los ponentes, Catedrático de Ordenación Territorial, Julían Mora, sobre la necesidad de organizar nuestra comunidad autónoma en cinco macrocomarcas, atendiendo a un criterio de la OCDE, que considera que una comarca, además de similitudes geográficas, económicas, etc, debe estar reforzada por una base social de 200.000 personas.
Extremadura, por sus dimensiones, arrancando de una división provincial irracional del siglo XIX, arrastra, también con el Estatuto de Autonomía un reto de equilibrio que solo puede ser contestado y resuelto desde una división comarcal que centralice servicios y no los disperse en una multiplicidad de Mancomunidades.
Plasencia, por racionalidad y por capitalidad, debiera cumplir esa misión redistributiva de servicios para un 44,4% de la superficie de la provincia de Cáceres. Lo digo yo en nombre de J.I. Sánchez Mora, profesor de la Univerisdad Politécnica de Madrid, porque obviar esta realidad es confrontar, con alevosía, contra la ley de la gravedad.
Por favor, no se levanten de los asientos, solo trato de ofrecer otra mirada.













Bien entendido, amigo Miguel, que la estación, esté donde esté, no es exclusiva de Plasencia, sino de toda la comarca, de la máxima accesibilidad de la zona donde Plasencia es la cabecera… Y de que las obras van con retraso es porque estuvieron retenidas por Rajoy 8 años, y es esté Gobierno, quien las ha recuperado…
Hemos perdido 11 años. La estación es fundamental para todo el Norte de Extremadura. Y el lugar, debe ser el que fue pensado en 2011. Saludos.
Suprimir mancomunidades en orden a un ajuste territorial es tema muy delicado. Muchas mancomunidades se corresponden con comarcas de fuerte identidad, que huyen de todo jacobinismo. Además, las mancomunidades han generado muchos apéndices, ramificados en diversifaciones varias. Desmontar toda esta estructura es contribuir, en cierto modo, a agravar aún más el futuro de numerosísimos pueblos pequeños, lo que acarreraría una férrea contestación.
No se trata de suprimir, se trata de mejorar la equidad. Todo el Norte está quedando fuera de un cambio de paradigma en la región con la industrialización. Somos, practicamente la mitad de la provincia de Cáceres, y cada vez tenemos menos presencia en el un equilibrio simétrico en la región. Dentro de una macrocomarca como Plasencia, habría comarcas referenciales como Coria, Hervás o Navalmoral. Se trata de racionalizar. Saludos