Desde Pericles a Nelson Mandela, pasando por Winston Churchill o Martin Luther King Jr., los mejores oradores de la historia aclaman por unanimidad al hasta hoy secretario general del Partido Socialista Obrero Español y ya líder supremo de la Nueva España.
Vendedores de crecepelo, mercachifles trajeados con sombreros de copa, trileros de la Gran Vía y el propio Pinocho se apresuran a rescatar de las redes sociales la intervención de Pedro Sánchez en el sabatino Comité Federal del PSOE.
Como cantaban los Presuntos Implicados, ¡Cómo hemos cambiado! Qué lejos ha quedado… El tahúr pretende estafarnos con la metáfora del tren, exponiendo que Felipe González puso las vías y blablablá, el mismo Felipe, evolución de Isidoro, que hoy pena harto de escuchar burdas engañifas y burlas por todos los rincones de un partido que acaba de saltar en pedazos.
La claque, por su parte, aplaude, defiende o alaba el discurso buscando su propio provecho, en forma de sueldito o colocación de parientes en las numerosas y generosas empresas públicas, semipúblicas, fundaciones, empresas semiprivadas o privadas (que de todo hay, afectas al Régimen) cualquiera que éste sea e independientemente de la ideología imperante.
Camiones isotermos homologados y normativamente aislados, transportan toneladas de barras de hielo para aliviar, siquiera sea de manera mínima, los signos de inflamación que afloran en las ardientes palmas de las manos tras los continuos y casi perpetuos aplausos de los pedigüeños sinvergüenzas.
Dice: “En el nombre de España, en el interés de España” y se queda tan fresco, sin un ápice de rubor ni de vergüenza torera y prosigue su letanía para necios, “apesebrados”, conformistas, resignados y acomodaticios.
Y continúa: “medidas de gracia: indultos y amnistía”, tramposo, tal cual es, intentando confundir a incultos, asemejando ambos términos, diametralmente distantes, en las antípodas judicial y políticamente hablando.
“En el nombre de España, en el interés de España, defiendo, hoy, la amnistía” y todos a una, aplauden y se ponen de pie, como ocurre en las noches veraniegas emeritenses al concluir la representación de la obra dramática, desde Orchestra hasta la Summa Cavea, en un prolongado aplauso de traidores a la división de poderes del Estado, en definitiva, a nuestro sistema democrático.
En el nombre de España y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ¡Amén!












