Parece que fue ayer y ya ha pasado un año, de San Miguel a San Miguel y tiro porque me toca… Como si de los arrendamientos de fincas fuese y precisamente por eso, por los tratos ganaderos de los pastos y de las excelentes montaneras extremeñas, es por lo que se celebra la feria segedana. Quinientas setenta ediciones. ¡Ahí es nada!
Hoy en día, los que van teniendo más de cuarenta ferias vividas, han de transmitir a sus hijos que el origen y fundamento de esta festividad tiene raíces agropecuarias. Las ferias, o rodeos también llamados, eran la razón y la cartera para las fiestas que les sucedían una vez cerrados los tratos.
No se entendía lo uno sin lo otro: primero se llevaban los animales al rodeo y se vendían y a continuación, allí mismo, una parte de lo cobrado (al contado, que esos eran otros tiempos) se destinaba a beber y comer, con familiares y amigos, manjares que rara vez podían disfrutarse durante el año.
Actualmente, en esta Extremadura de obras y servicios burocráticos, la mayoría inútiles en lo primario, quedan las de Zafra, Albalá y Trujillo, poco más. Algunos recuerdan la última feria de Mérida, justo al lado del Puente Romano.

Pero volviendo a Zafra, a la del año pasado, a la feria postcovid donde ya sin restricciones se tuvo la suerte de conocer a la que hoy es nuestra sonriente presidenta de la Junta de Extremadura de la mano de la actual consejera de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible y de la presidenta de AECERIBER, Lucía Maesso Corral.
Hoy, como entonces, educada y simpática, escoltada y bien acompañada por el veterinario del Servicio Extremeño de Salud y Comisario de la Feria de Zafra, Santiago Malpica Castañón y una ristra de “agradaores” que intentan arrimarse al equipo vencedor, una vez ha quedado claro que además de intenciones hay capacidades para desarrollarlas.
Y es que el lunes es fácil acertar la quiniela, ¿dónde estaban todas y todos estos “pelotas de feria” el año pasado?
Sin duda ejerciendo su singular tarea con las autoridades de antaño, al igual que harán dentro de ya poco más de tres años.
Lista, muy lista la consejera al aconsejar a la presidenta que sacara un conejo de la chistera y así evitar las preguntas indiscretas o impertinentes sobre la anunciada y aún no cobrada subvención por la pertinaz sequía que nos está arruinando.
La presidenta hábil y sonriente, da el titular y punto, pues no es plan de hablar de lo que no se tiene ni idea. Los medios de comunicación y propaganda afines a los obispos que se apresuran a lanzar las campanas al viento se ciñen al titular, a lo que hay, porque no hay nada más, tan sólo habilidades políticas y buenas palabras, pero de dinero, a día de hoy, nada de nada para el vacuno ni el ovino.
Los diarios afines y subvencionados, tres cuartos de los mismo, titulando que la presidenta, desconocedora de que es mejor prevenir que indemnizar, anuncia ayudas sin concretar a los ganaderos afectados por la tantas veces negada enfermedad del mosquito que, como «Ave Fénix», ha resurgido en Valencia del Ventoso.

Como broche de oro a la comunicación política de la jornada, una cadena de radio sin visión, que hace una entrevista pastelera y exculpatoria de la consejera incompetente, según ella misma se define, en materia de saneamientos ganaderos, a la antes casi inexistente y “autocertificada” por los ganaderos Enfermedad Hemorrágica Epizoótica, Política Agraria Común y programa de actuación frente a la tantas veces negada sequía.
¡Dios mío, qué cruz durante más de cinco siglos! Los mejores en sus negocios y los mediocres y segundones en lo público, así nos va en el agro y todavía hay quien se pregunta el porqué de tanta ignominia.
Apenas cincuenta mil agricultores y ganaderos, cifra que sigue decreciendo, la mitad con más de sesenta años y la edad media aumentando, pero calma, tranquilidad que siempre nos quedará la caseta del Quinto Pino para tomarnos unos cubatas y bailar al son del ritmo caribeño.












