Hubo una época de mi vida en que me dio por leer a escritores pesimistas, tanto que opté por decirme a mí mismo -a mis quince o dieciséis años- que era existencialista ateo. Menos mal que se me pasó.
De entre ellos los peores de todos eran Schopenhauer y Celine del que aún me da miedo volver a leer su “Viaje al fin de la noche”.
Si es que hasta Charles Bukowski me parecía un tipo desmoralizante. Y eso que solo escribía de borracheras y de sexo vulgar y barato, algo al alcance de pocos.
Por no hablar de Samuel Beckett, el de la famosa frase que la utilizan los emprendedores hoy en día como una manera de alcanzar la felicidad:
“Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor” . Frase que no es lo que parece.
Y es que el pesimismo estaba y está relacionado con el fracaso social.
Leyendo ahora un libro jugoso y divertidísimo titulado “Subcampeón” (Editorial Libros del K.O.) en donde Ander Izagirre y Zuhaitz Gurrutxaga cuentan la vida de este último, monologuisa y ex futbolista de Primera División con la Real Sociedad de San Sebastián, aparece un tema que -a mí, no sé a otros- me parece apasionante. Se trata de la vida y obras de fracasados tal vez a su pesar.
Zuhaitz Gurrutxaga cuenta el caso de un par de futbolistas que en categorías inferiores eran unos fenómenos, bastante mejores que él, pero que no llegaron a nada, en claro ejemplos de fracaso vital.
Uno de ellos, un tal Txus Duarte, en un partido de infantiles en el que se enfrentaron les marcó ocho de los nueve goles (él, Gurrutxaga, que acabó jugando de defensa central, metió cuatro de los cinco de su equipo) del 9-5 final.
Siendo adultos Gurrutxaga lo vio en el trabajo y recordaron juntos aquel partido. Txus Duarte, del Real Sociedad B pasó por Eibar, Baracaldo, Cádiz, Burgos, pero nunca pasó de Segunda B. Era albañil.
Otro nombre que Gurrutxaga destaca en el libro es el de otro fracasado -en ese ámbito de la vida-, un tal Ander Aranzeta. Era un líder y capitán de la selección española Sub 16 que se proclamó campeona de Europa en 1997.
En ese equipo hacía tandem defensivo con Gurrutxaga y de portero jugaba Iker Casillas. Una lesión de tibia y peroné truncó la carrera de Ander Aranzeta no llegando siquiera a ser futbolista profesional.
Estos jugadores, quizás en otros ámbitos de la vida no, pero en lo que demostraron que valían, fueron unos auténticos fracasados.
Me recuerdan a un tal Hormigo que jugaba en los Salesianos de Badajoz, un tipo de casi uno noventa que en un partido nos metió cinco goles y se rumoreaba que llegaría lejos. No sé qué fue de su vida, pero no pasó de Tercera división.
Celine en su «Viaje al fin de la noche» escribió el libro más pesimista de todos los tiempos. Había estado como voluntario en la Primera Guerra Mundial y sufrió graves heridas. A saber qué vió y vivió allí.
Y luego está Samuel Beckett con su famosa frase optimista que no era tal: “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”.
Me resulta extraño ver que a un escritor pesimista, existencialista ateo, absurdo como era Beckett, con su humor negro y su ironía, se utilice socialmente por triunfadores porque realmente lo que dijo fue:
“Fracasa otra vez. Otra vez mejor. O mejor, peor. -no, no es de M.Rajoy- Fracasa peor otra vez. Aún peor. Hasta enfermar del todo”.
Que no nos pueda el pesimismo, aunque nos quedemos en “Subcampeón” como el título del optismista libro de Ander Izagirre y Zuhaiz Gurrutxaga.
Fin.












