La memoria abarca tanto que uno se puede recrear saltando de huella en huella.
“Los Roper” (38 capítulos entre 1979 y 1981 en España y también conocida como “George y Mildred”) es la primera serie para adultos que recuerdo con más nitidez. La empezaron a echar en televisión cuando yo tenía catorce años recién cumplidos.
“Los Roper” me llevan a la serie de la que procedía. Se trata de “Un hombre en casa”. En internet dicen que en España la pudimos ver entre 1978 y 1979, que también se tituló “Apartamento para tres” y que de ella hicieron 172 capítulos.
Como secuela de “Los Roper” echaron “Apartamento para tres” conocida también como “Tres son multitud” y “El nido de Robin”.
Con el tiempo me enteré que la actriz que hacía de Mildred, las de “Los Roper” falleció con cincuenta y pocos años a consecuencia de su alcoholismo. Sin embargo, por lo que sé, George, su marido en la ficción, sigue vivo a sus noventa años.
Por otro lado, otro que falleció joven fue John Ritter. En 2003, el actor que se hacía pasar por Robin, el que simulaba ser gay de “Apartamento para tres”, murió de una enfermedad congénita del corazón con cincuenta y cuatro años,
Pero no solo me acuerdo del humor de “Los Roper” y demás. He empezado a tirar del hilo de la memoria y la primera serie que me ha venido a la cabeza es “Crónicas de un pueblo” (de entre 1971 y 1974, lo acabo de leer en internet). Ni que decir tiene que era en blanco y negro. O al menos así se veíamos en casa en la Philips TV que teníamos en casa.
Aunque en 1974 yo tenía nueve años, me acuerdo perfectamente de que el pueblo me parecía polvoriento y de que no había ni una sombra, de los personajes: el cartero, el maestro, el médico, el alcalde, el cura, el guardia civil, es decir, las fuerzas vivas de los pueblos en aquellos años (en algunos pueblos de Extremadura aún quedan resquicios de aquello) y sobre todo de Dionisio, el conductor del autobús que llevaba a los niños al colegio. Tenía un vistoso mostacho y boina. Indagando por internet me he enterado de que se llamaba Rafael Hernández y de que llegó a actuar en 237 películas como actor secundario.
Y de “Crónicas de un pueblo”, salto a “Los Chiripitifláuticos”. Y a “Bonanza” y “El fugitivo”. Y al “Un, dos, tres, responda otra vez” de Kiko Ledgar, los tacañones, Botilde, Mayra Gómez Kent, Bigote Arrocet. Y “Heidi” y “Marco, de los Apeninos a los Andes”, y “La abeja Maya” y del soniquete de la pegadiza sintonía de “Érase una vez…” que no era otra cosa que el Tercer movimiento del “Septimnino” de Beethoven. Y “La cabina” con José Luis López Vázquez. Y Pipy Lamstrum (o Calzaslargas). Y el dame la manita Pepeluí de Tip y Coll. Y Mariano Medina, el hombre del tiempo. “La casa de la pradera”. “V”. “El coche fantástico”. “Falcon Crest”. “Dallas”. “Dinastía”. “Colombo”, Telly Savalas. “Fama”. Eva Nasarre. “El equipo A”. Mac Gyver. “El Inspector gáchet”. “Los autos locos”. Dino y Vilma. Kung-Fú. Orzowei. “El pequeño ruiseñor”. El ballet Zoom de Valerio Lazarov Y Giorgio Aresu. “Las chicas de oro”. Ah! Y la familia Telerín que ayudaba a mi padre a ponernos a desfilar al ritmo de “Vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos disfrutar”. Y la pregunta más escuchada de todos los tiempos: ¿Cómo están ustedeeeeeees? De Gaby, Fofó, Miliki, Fofito y Milikito a los que luego se añadieron Rody y Rita Irasema. Y luego Torrebruno (que me recodaba a El Fary) y su tigres, leones, vamos a ser los campeones.
Y Mazinger Z y Afrodita A y sus “tetas fuera”, perdón, “puños fuera”. “Comando G”. “Liam Sam Poo (con Saporoski como malo oficial)”. Y Herta Franklein y su perrita Marilín que yo pensaba que era de verdad. Salía los sábados por la mañana en la Uno. Tendría yo cuatro o cinco años.
Lo bueno de la memoria es que una cosa te lleva a la otra. De todo esto sé un montón, sé cantidubi dubi dubi, cantidubi dubi dá.
Como diría Porky ¿o fue Bugs Bunny? “Eso es to… eso es to… eeeesto es todo amigos”. Y no olviden supervitaminarse y mineralizarse. Consejo de Superratón.












