Cuando pasaba cerca del Conservatorio, me paraba a escuchar la música que supuraban sus paredes, puertas y ventanas.
En mi vida se me hubiera ocurrido matricularme en tal escuela, aparte de por mi falta de oído, genes «sonoros» y cultura musical, porque me parecía un esfuerzo tremendo tanto ensayar, tanto estudiar.
Yo había tocado la flauta en el colegio. Eso sí. Todavía recuerdo lo mucho que me temblaba el cuerpo procurando acertar en los agujeros correspondientes mientras intentaba soplar por la caña de plástico del instrumento, ahí es cuando me di cuenta de que tenía la mano llena de dedos.
Me aprobaban la asignatura para que dejara de destrozar tímpanos de una vez. Era difícil hacerlo peor que yo aunque aún recuerdo, lo digo con orgullo y satisfacción, lo bien que se me daba tocar la de la guerra de las galaxias y la de Orzowei.
Tenía y tengo amigos y amigas que han dedicado su vida a su pasión, la música clásica. Es otro mundo, es gente virtuosa con un brillo especial en los ojos. Ellos pueden hablar mucho más y mejor que yo de qué significa sacar belleza de un armatoste como puede ser un piano de cola o de un arco con unas clavijas, una caja rara con cuerdas y poco más -estas son las palabras técnicas que utilizo para decir violín- y es que frotando unas cuerdas y agarrando el instrumento con la barbilla y el hombro (¿a que suena raro?) se puede rozar lo sublime.
Se me ha ocurrido escribir esto después de leer una entrevista a una cantante que se hace llamar Nena Daconte.
Se hizo famosa porque hace veinte años salió en un programa de televisión que nunca he conseguido soportar: “Operación Triunfo”.
En la entrevista dice que cuando participó (fue la primera que expulsaron en la segunda edición) le dijeron que habían hecho un pacto en la industria, las radios y los propios artistas consagrados por el que solo iban a dejar que siete ‘triunfitos’ sonaran en la radio. Da igual que hubiera veinte buenos, setenta, cinco o ninguno, iban a aupar a siete.
Hasta a mí me suenan algunos nombres que surgieron de “Operación Triunfo”: Chenoa, Bisbal, Bustamante, Manuel Carrasco, Amaia, la propia Nena Daconte (en la radio y televisión pusieron millones de veces aquello de “tenía tanto que darte, tantas cosas que contarte…), Rosa López, Edurne, Nuria Fregó o Fergó (que me parece que es de Málaga) o una extremeña que se llama Soraya Arnelas. No tengo ni idea de si se sigue emitiendo el programa o de si por ejemplo Antonio Orozco, Pablo López y gente así -a mí se me parecen todos mucho- también participaron en el programa, ah, ahora que me acuerdo, me parece que en OT había también un tal Manu Tenorio que era una especie de Paul Newman descafeinado.
Nena Daconte dice que “en la industria musical, las multinacionales van buscando números, mientras les das buenos resultados todo va bien, pero en el momento en el que los números no funcionan, te echan. Las discográficas son como las fábricas de coches, si un modelo no funciona dejan de fabricarlo.”
También que, “en el año 2009, llevaba ya dos años, casi tres, metida en el pozo. Un día mis padres me vieron, les estuve explicando y decidieron ayudarme a ir al psiquiatra. Me diagnosticaron depresión psicótica, me empezaron a dar medicación, y hasta hoy.”
Lo cuenta en un libro, lo escribió después de haber leído “Por si las voces vuelven” de Ángel Martín, otro famoso, para dar a los problemas psiquiátricos la importancia que tienen.
La música parece que es o un arte o un negocio, que no hay término medio. Me quedo con la que sale de los Conservatorios, lo “natural”, antes que la concepción capitalista e interesada de esta vida que consiste en una “operación triunfo” y que ya sabemos lo que hace con el “material de desecho”.












