Ya en la antigua Roma, durante las Saturnalia, existía un germen de lotería consistente en una suerte de tablillas numeradas que, cuál si de la rifa de una caseta de feria se tratase, se distribuían entre el pueblo que conseguía de este modo los premios y trofeos.
Como curiosidad, disponían de la denominada lotería del amor que unía a los jóvenes durante un año, tal y como aún ocurre en algunos pueblos del norte de la provincia de Cáceres.
En la península ibérica, los orígenes de la lotería se remontan al año 1276, el Rey Alfonso X el Sabio publicó su “Ordenamiento de las Tafurerías” en cuarenta y cuatro leyes. Ya más recientemente, en diciembre de 1763, en Madrid se sorteó por primera vez la que dio en denominarse la “Real lotería de Madrid y sus reinos”, durante el reinado de Carlos III.
Fue en 1771 cuando tuvo lugar el sorteo en un formato similar al actual, incluyendo la participación de los niños del Colegio de San Ildefonso, con el premio Gordo y los premios menores conocidos comúnmente como “la pedrea”.
Pues hete aquí, en diciembre de 2023, expectantes por la pedrea del viernes día 22 y por la “pedrá”, por Pedro Sánchez Pérez-Castejón y Alberto Núñez Feijóo, líderes de los partidos mayoritarios que, en una falta de actitudes y aptitudes, siguen enzarzados en una lucha decimonónica y absurda, de dimes y diretes o de puestas en escenas teatrales e indignantes.
El peñascazo o “la pedrá en tó lo alto” que se diría en castúo, reuniéndose en el Congreso de los Diputados de la Carrera de San Jerónimo, porque así rebajan el nivel institucional a la cumbre, entre el “narcisista” y el “simple”, que a nada ha de conducir.
Quizás, en un esfuerzo ímprobo para el par de catedráticos, a la sustitución, en el artículo 49 de la Constitución, del tenor literal del precepto constitucional de: “los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos”. Tal vez, ni eso.
Mientras tanto, los independentistas y extremistas de uno y otro lado del espectro político desternillándose de risa y asistiendo desde la grada, comiendo pipas, a una sucesión de barbaridades de dos criaturas que, sin duda, son merecedores del hartazgo e indiferencia de una mayoría de españoles.












