Entre las personas que año tras año siguen con interés el Sorteo Extraordinario de Navidad (se juega desde 1812, año de “La Pepa”) por televisión, radio, móvil, ordenador y hasta desde el salón de sorteos de Loterías y Apuestas del Estado en Madrid el día 22 de diciembre, uno puede encontrar un resumen perfecto de lo que Honoré de Balzac llamó “La condición humana”.
Esta es una galería de los personajes que se puede uno encontrar comprando Lotería de Navidad:
-No jugadores habituales como yo que si a lo largo del año me gasto en total menos de cien euros en bonolotos, quinielas de fútbol, primitivas, ONCE y demás para el sorteo de Navidad de este año estoy más cerca de los doscientos euros que de los cien.
-El que tiene complejo de inferioridad que cuando viaja compra un décimo en cada ciudad que visita porque siempre sale el Gordo en todos lados menos en su pueblo.
-El que hace colas de cuatro o cinco horas en sitios famosos que lo son porque son la pescadilla que se muerde la cola: la gente compra porque toca y toca porque la gente compra.
Los más conocidos son: Doña Manolita, un local fundado por la señora Manolita en 1904 que ahora -no sé antes- se encuentra a pocos pasos de la Puerta del Sol es el más famoso (una vez que fui a Madrid, me encargaron que comprara un décimo en Doña Manolita, como me comprometí y soy hombre de palabra, lo compré, pero a una señora que los vendía en un lateral de la Puerta del Sol por cuatro o cinco euros de recargo), La Bruixa D´Or de Sort en Lleida, la administración Ormaechea de Bilbao, el Pilar de Zaragoza, Doña Amalia en Santoña o Lotería Doña Lola de Toledo.
-El que adquiere décimos con todas las terminaciones. Así parece que como con alguno de ellos gana lo que lleva jugando, tiene la sensación de que pierde menos, pero que para empezar se ha gastado doscientos euros.
-El supersticioso que restriega el décimo por la espalda de un jorobado, la barriga de una embarazada, la cabeza de un calvo o la figura que esté en la puerta de la administración, ya sea una bruja, una ranita, un duende o un gato negro.
-También está el que entra en la administración con el pie izquierdo y le pide al lotero que le dé el décimo con la mano derecha.
-Los hay que dicen que para tener suerte hay que ponerse en el despacho de la administración de lotería a la cola de la izquierda los días impares y a la cola derecha los días pares.
-Nos encontramos con el intuitivo que sueña todos los años con un número y todos los años lo compra aunque nunca le haya tocado desde hace treinta años.
-El que busca los números más “buscados.” Este 2022 el inicio de la guerra de Ucrania (24222) (veinticuatro de febrero de 2022), el día que se decretó el fin de las mascarillas (20422) o el día en que Chanel estuvo a punto de ganar Eurovisión (14522).
-O el buscador del número con la terminación del premio principal que menos veces ha tocado (el 1, el 2 y el 9). O la que más (el 5)
-El que ni sabe el dinero que se ha gastado porque lleva comprando desde junio “online”.
-El que lleva toda la vida jugando los mismos números, ya sea bonoloto, primitiva, Euromillones o Gordo de Navidad.
-El que compra números feos como los que terminan en cero o tienen cuatro unos seguidos y así.
-El que cuelga el décimo en una herradura o (más habitual) junto con una “estampita” de la virgen. Por no hablar de los miles de amuletos de la suerte (de la buena)
-El que paga al contado porque si lo deja a deber no toca. Una superstición de lo más razonable. Yo soy más de decir: “No me cobres los 20 euros del décimo, descuéntamelos cuanto toque.”
-El que llamo del “síndrome de compensación”. Conocidos son los que se van donde hubo una catástrofe para comprar lotería. La buena suerte equilibrará la desgracia, dicen.
-El que compra décimos y participaciones en el trabajo, en los bares adonde va, en la gasolinera, en el supermercado, a uno que le vende a ti amigo, el mismo número que el que está delante de ti en la administración, pensando: “¿Y si toca?” o “Por si acaso”, que puede ser síntoma de soterrada, dolorosa y sobre todo costosa, envidia.
-El pesimista (por fuera) que dice que nunca toca y que te entran ganas de preguntarle: ¿Entonces para qué juegas?.
-El ilusionado (este es el que mejor me cae) que cuenta con entusiasmo en qué se gastaría (gastará) el dinero.
-El que compra en la misma administración donde tocó el premio gordo el año pasado.
-El profesional que va hasta disfrazado a ver el sorteo en directo.
-Y por último, el más habitual el que dice: por lo menos tenemos salud.
Que haya suerte y eso, que por lo menos tengamos salud.
Postdata: este año el primer premio terminará en 9.












