Nunca imaginé que tendría que soportar toda mi vida a Bisbal. Es como una tortura. Él no. No lo conozco. No tengo ni idea de cómo es. Seguro que no es mala persona. Me refiero a lo que representa el hijo del boxeador (eso dice en Wikipedia, que su padre fue boxeador).
En 2001 fue finalista de “Operación Triunfo”, desde entonces Bisbal (y Bustamante y Chenoa) es un nombre imprescindible en mi odiómetro. Incluso los hay que lo llevan peor: las personas que tienen veintitrés años o menos que lo conocen desde que nacieron.
En 2002 Bisbal sacó su primer elepé que se titula “Corazón latino”. Hasta ahí bien, vale. ¿Quién no tiene un corazón que late, latino?
En 2004, “Bulería”. Ya se me inoculó el veneno del aguantar. Lo mío sí que es un manual de resistencia no el de otros. “Bulería bulería tan dentro del alma mía es la sangre de la tierra en que nací bulería, bulería, más te quiero cada día de ti vivo enamorado desde que te vi” ¿Por qué tengo que saber esto de memoria?. ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? Bueno, vale, a quién le importa lo que él haga, a quién le importa lo que él diga… (ah, no que esto no es de Bisbal)
Y sacó más discos. “Sin mirar atrás” y “Tú y yo” se titulan dos de ellos. ¿En serio sin mirar atrás tú y yo? Esto es un sin vivir. O algo quiere. Menos mal que yo soy más de Chenoa (si tengo un hijo lo llamaré Chenoo, lo prometo)
Y luego, en 2020 insiste con “En tus planes”. En serio, en mis planes, dice que está en mis planes: de desarrollo, de fin de semana, de estudios. Vaya plan.
Y por si no hubiera suficiente, va hace poco y saca otro titulado “Me siento vivo”. Lo que digo: tenemos Bisbal para rato (ojo, todo esto es un poco de broma: no lo conozco y lo mismo es buena gente). Está bien de salud, se siente vivo, no vivo dentro de la gravedad o vivillo. Viva (por up).
Menos mal que en mi cabeza no se ha viralizado la frase suya: «¿Cómo están los máquinas?, lo primero de todo.
No: lo siguiente.
Fin.












