Hace poco más de un año el escritor Mario Vargas Llosa, nacido en Perú en 1936, pero nacionalizado español desde hace treinta, en un contexto determinado dijo que «Los latinoamericanos saldrán de la crisis cuando descubran que han votado mal. Lo importante de unas elecciones no es que haya libertad en esas elecciones, sino votar bien y votar bien es algo muy importante porque los países que votan mal, como ha ocurrido con algunos países latinoamericanos, lo pagan caro».
La frase la he sacado fuera de contexto porque no creo que se refiriera a los 650 millones (aprox.) de latinoamericanos que hay por el mundo, se referiría a los que no votaron lo que él votaría.
Aunque hace muchos años que no me pongo a ello, yo siempre fui un asiduo lector del gran escritor peruano-español que vivió muchos años en París.
Lo último que leí suyo es o fue “La fiesta del Chivo”, del año 2000.
En esa novela se cuenta la historia del sanguinario dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo. Personaje que también aparece muy bien retratado en la novela “Galíndez” de Manuel Vázquez Montalban y mejor aún en “La maravillosa vida breve de Óscar Wao» de Junot Díaz, nacido en la República Dominicana y criado en los Estados Unidos.
Inciso: la suma de la lectura de las tres grandes novelas nombradas pueden servir para comprender la vida en ese país latinoamericano, pero la mejor de las tres es la de Junot Díaz, sin duda.
Cuando quiero leer sobre un autor -en este caso el novio de Isabel Preysler (que suene irónico…)- busco información en los índices de capítulos y onomásticos de otros libros que puedo conseguir, relacionados con dicho autor.
Y encuentro a Mario Vargas Llosa en un capítulo de “Confesiones de una editora poco mentirosa” de Esther Tusquets, titulado “Enfermizo perfeccionismo de MVLL y laboriosa elaboración del espléndido cuento “Los cachorros” (parece ser que después de las fiestas mientras sus colegas se iban a dormir la mona, él en vez de acostarse, se ponía a escribir…) y por supuesto en “Aquellos años del Boom. García Márquez, Vargas Llosa y el grupo de amigos que lo cambiaron todo” de Xavi Ayén en donde sale nombrado más de cien veces, empezando por cuando noqueó a su amigo Garbiel García Márquez de un puñetazo, puñetazo que -leo- dio fin al famoso Boom latinoamericano.
En otro libro donde aparece casi tanto como en el nombrado antes es en “Carmen Balcells, traficante de palabras” de Carmen Riera. De siempre se ha dicho que Carmen Balcells inventó el Boom (¿por dinero?) juntando en Barcelona cuatro nombres: García Márquez (Colombia), Vargas Llosa (Perú), Julio Cortázar (Argentina) y Carlos Fuentes (México). Es un tema a desarrollar, pero siempre enjundioso literariamente hablando.
También encontramos a Mario Vargas Llosa en “Cuando editar era una fiesta. Correspondencia privada” de Jaime Salinas.
Y en “La razón frente al azar. Memorias de un editor” de Rafael Borrás Betriu.
Está claro que MVLL con su talento y su capacidad, consiguió que varios editores ganaran mucho dinero gracias a él.
Y por último, tengo a mano un libro (que aún no he leído) titulado “Vargas Llosa. El vicio de escribir” de J.J. Marcelo. Es de 2010, no sé si hay alguna biografía más reciente.
Con todo esto no quiero “salvaguardar” la figura de Mario Vargas Llosa que tanto me hizo disfrutar con sus novelas y cuentos. Y demostrar que todo es relativo, que vamos demasiado acelerado y que no todo es blanco o negro siempre.
Leer es magia: el “conjunto” de una persona no puede ser una desafortunada frase (si votas a los míos bien, sino, mal) o perder todo su crédito, todo lo que sumó por lo que dice o hace con ochenta y seis años.
Y lo digo sin tener (yo) nada que ver ni ideológica, ni vital, ni mental ni económicamente con MVLL y su entorno.
Para acabar. En el mismo contexto del inicio, Mario Vargas Llosa dijo que votaría al PP, que hasta ahora lo había hecho a “un partido liberal en España ha dejado de existir», haciendo alusión a Ciudadanos.
Haciendo “sangre” del árbol caído, diré que “menos mal que MVLL sabe votar bien…”
El lenguaje es maravilloso. Es lo que tiene el poder de las palabras.
Fin.












