El sitio de Madrid, diez litografías de Francisco Mateos (Museo Reina Sofía).
Luis Álvarez Lencero
«PAZ A LOS MUERTOS»
A Francisco Mateos
Silencio. Ya está bien. Fuera la rosa.
Pobres muertos, más hieden con tocarlos.
No más tiros de gracia. Así, dejarlos
podridos en la cama de la fosa.
No les quitéis la manta de la losa,
hijos de madre. A qué desenterrarlos
ya? Qué horror, volver a despertarlos
cuando duermen la paz más espantosa.
Millones de cadáveres despiertos
puestos a tiritar bajo la tierra
os escupen gusanos y alaridos.
Cómo lloran los ojos muertiabiertos.
La carne asesinada cómo aterra.
No los matéis ya más, que están podridos.
Luis Álvarez Lencero: Juan Pueblo, 1982. Segunda edición en vida del autor. Primera edición censurada 1971. Edición cibernética en preparación al cuidado de Antonio Viudas Camarasa.
Después de haber leído con lectura inmersiva varias veces el poemario Juan Pueblo (1971) de Luis Álvarez Lencero, comparto contigo, amigo lector, mi impresión de lectura del poema “Paz a los muertos”.
Me llama la atención la transcendencia y plena vigencia del poema en 2024, donde no se deja que vivan en paz los vivos ni que descansen en paz los muertos.
La Mecedora Habladora me advierte que el poema está dedicado a Francisco Mateos que describió los horrores de la guerra incivil durante los meses de noviembre, diciembre de 1936 y enero de 1937 en su serie ‘El sitio de Madrid”, que difundió el “Altavoz del Frente” y comentó Santiago Ontañón en el periódico comunista “Mundo Obrero” y en “El mono azul”.
La Mecedora Habladora me informa que Francisco Mateos definió las ilustraciones de su carpeta de Madrid con una frase con mucha trascendencia y enjundia: “Yo no pinto un guardia civil, pinto a la Guardia Civil; no retrato un asesino, sino el asesinato.
La Mecedora Habladora me facilita el dato que Francisco Mateos, depurado, ilustró el poemario “Hombre” (1961) de Lencero con tres linóleos y que el historiador del arte Juan Antonio Gaya Nuño cita a Mateos en “La pintura española del siglo XX” (1972).
Gaya Nuño colaboró en el homenaje a Pablo Picasso (1958) de la revista “Gévora” que coordinó Luis Álvarez Lencero.
LENCERO NO ES UN POETA PROVINCIANO
Es evidente que Luis no es un poeta provinciano, sino que es un artista inquieto que se abrió a los nuevos aires de la modernidad internacional con su poemario “El surco de la sangre” (1953) y en 1971 permanece en ella con “Juan Pueblo”.
Se deduce que Francisco Mateos y Luis Álvarez Lencero tienen en común el pretender transcender la realidad que les rodea con ideas innovadoras. Se denuncian las acciones imperfectas del hombre, no al hombre que las lleva a cabo.
Luis Álvarez Lencero pide paz para unos muertos recientes de guerra incivil y todos los muertos que se remueven en las novelas históricas de posguerra y en los traslados de osamentas de época.
No quiere que esos huesos se guirnalden con rosas. Dice que ya está bien y pide que se deje en paz a los muertos. Está en este poemario muy preocupado por los horrores de la guerra de Vietnam en los años sesenta, del mismo modo que hoy estaría muy preocupado por la barbarie de nuestras guerras que no cesan.
Nota que el muerto de tiro de gracia hiede más cuando se le toca. Prefiere que esté podrido y no se le quite la manta de la losa. A los que desentierran a los muertos con acertado criterio les recuerda que los muertos son hijos de madre. Provoca al lector purista y crítico de solapa de libro, partidarios de la rosa usando el infinitivo con valor de imperativo y con solo el signo de interrogación al final de la frase.
A Lencero en esos años sesenta como a otros mucho le dolió la carne asesinada y por escribir lo que pensaba sufrió en carne viva en el segundo semestre de 1971 y los primeros meses de 1972 los efectos psicológicos de ese acoso que le llevó a escribir con autocensura su poemario “Canciones en carne” en 1973 y a guardar silencio hasta que vuelve a escribir libremente en 1981 y 1982 en sus tres últimos poemarios collages en los que ha dejado escrito su testamento literario de “hombre desgarrado” que luchó por la libertad y murió en soledad sim conseguir su objetivo. Luis Álvarez Lencero y con su sambenito de poeta maldito, en el centenario de su nacimiento está siendo bautizado como poeta bendito por los lectores que saben leer sus poemas con ayuda de la llave con que los escribió. La Mecedora Habladora es feliz siempre que me presta su llave para leer a Lencero.
Está eufórica y empoderada.












