El alcalde de Plasencia es patético. Hoy, en lugar de condenar los actos vandálicos de la madrugada de ayer domingo, ha salido de su despacho del Ayuntamiento para hacerse fotografiar en la Plaza de Toros y en los jardines y después, de vuelta a su zona de confort, ha firmado con los sindicatos nuevas retribuciones para los trabajadores municipales por un importe de 1,2 mllones de euros. Hay que reconocer que todo ésto está muy bien, porque hay que cuidar el patrimonio municipal y a los funcionarios, pero los contenedores también son patrimonio municipal y ahora, en veinte días, han ardido en el centro y en las afueras del mismo.
Fernando Pizarro, a decir del presidente de la Asociación de Vecinos Intramuros, se reúne sólo con los comerciantes que son de su cuerda y con los ciudadanos que un tanto de lo mismo. Su asociación, dice Julián Gutiérrez Delgado, no es «bizcochable». Es la primera vez, en cuarenta años de oficio, que escuchamos esta expresión pero, ciertamente, resume perfectamente lo que quiere Pizarro: ciudadanos mortecinos, parados, a los que les guste «bailar los pajaritos» de María Jesús y su acordeón, y que no le den importancia a los asuntos que son verdaderamente delicados como es el vandalismo.
La Junta Local de Seguridad, órgano en el que deben estar representadas las instituciones y los ciudadanos, no se reúne en Plasencia desde hace muchos pero que muchos meses. No hay coordinación entre la Policía Local y el Cuerpo Nacional de Policía. El hecho evidente es que, de las grandes ciudades de Extremadura, Plasencia es la más conflictiva y la que registra más incidentes vandálicos que atemorizan a los placentinos.
La Asociación de Vecinos Intramuros ha solicitado una reunión con el alcalde para intentar solucionar de forma global los problemas de quema de contenedores, reyertas y defecaciones que existe en su zona de influencia, pero que no son exclusivos del centro de Plasencia. Sin embargo, Pizarro sigue sin contestar a Julián Gutiérrez Delgado ni a su junta directiva, en un intento de que éstos se dobleguen o se cansen de denunciar lo que sucede prácticamente a diario, pero sobre todo los fines de semana.
Pizarro, que se presenta a las elecciones por el Partido Popular, lleva 12 años riéndose de los placentinos, que son los que deben poner fin al «pizarrismo», un sistema político autoritario que recuerda al «mariñismo» y su enfrentamiento con todas las instituciones. Son los políticos populistas como éstos los que engañan a los ciudadanos dos o tres meses antes de las elecciones y después, cuando consiguen su objetivo, se olvidan de la ciudad por otros cuatro años.
Este alcalde está agotado, no nos cansaremos de decirlo. No tiene ideas, no tiene proyecto de ciudad. No tiene voluntad, ni ganas, de que Plasencia prospere y deje de ser una ciudad envejecida y con un índice de desempleo que supera todos los límites de la región. Los jóvenes se marchan ante la falta de oportunidades y los ancianos pasean por el centro o por su barrios con el único aliciente de ver crecer a sus nietos, nietos que tendrán que despedir antes que después por la falta de oportunidades.
Mientras tanto, Pizarro invita a los empresarios a un desayuno y les vende una moto sin gasolina y de tercera mano. Y en cierto momento se pone a «bailar los pajaritos», como se puede comprobar en la fotografía que acompaña a este editorial. Pero al tiempo que todo esto ocurre, en Plasencia se queman contenedores y de jueves a domingo da miedo salir a tomar algo por los bares del centro de la ciudad. El turismo no es ajeno a estos hechos. Por esa razón, el millón de euros que pagó la Junta de Extremadura para la exposición «Transitus» de Las Edades del Hombre, y que debería ser un acicate para fomentar el turismo, se tira a la papelera.
Que siga, que siga el alcalde de Plasencia «bailando los pajaritos» y que la ciudad reviente de una vez y le dé una lección el 28 de mayo en las urnas. No queda otra.













Te has olvidado de la escalera mecánica, que está parada y no puede repararse porque debe a la empresa de mantenimiento, 14 facturas. Y el proyecto de la isla, vuelta con la burra al trigo con otro proyecto y a pagar de nuevo. Un alcalde sin proyectos; tan sólo como una ameba.
Sobre Pizarro yo sólo sé que NO sé nada. Este señor bate todos los récords de lo más absurdo, pero a él todo «plin plan» y la sociedad placentina le ríe las imbecilidades.