Lo de la concesión a la empresa Joca de otros siete meses para la finalización de las obras de transformación de los pabellones militares en residencia de ancianos huele a podrido. Si no hay sobre de por medio hay una clara finalidad del alcalde y su equipo de gobierno de favorecer a una empresa que lleva desde el 2018 (año de la adjudicación) mareando la perdiz y sólo ha finalizado el 50% del trabajo encargado. Y hay una pregunta más que lógica: ¿si en cuatro años sólo ha construido la mitad cómo pretende finalizar el resto en siete meses?
Ahora Joca le echa la culpa a la guerra de Ucrania para justificar su falta de pericia y nula eficacia. Podríamos entender que hubiese retrasos puntuales en la entrega de los materiales pero aquí, o el dinero se lo están llevando otros o los de la empresa hicieron muy mal los números a la hora de concurrir a la licitación de las obras de la residencia. De todas formas, se supone que el material, al menos el grueso del mismo, debería estar comprado de antemano.
También podemos pensar que uno de los proyectos estrella del alcalde Fernando Pizarro García-Polo hace aguas por todos lados. Ni se sabe el tiempo que lleva ya este hombre en el Ayuntamiento (24 años más o menos) y lo poco que ha aprendido desde entonces. También, podemos darle la vuelta a la tortilla y malpensar que los retrasos de Joca tienen una explicación electoral: dentro de tres meses y medio serán las elecciones y el edil podrá decir que las obras van viento en popa y vender el proyecto nuevamente. Vamos, lo que se dice dibujar una pirula para que los incautos de los placentinos vuelvan a votar al Partido Popular, que éste sí que huele a bomba fétida de la II Guerra Mundial.
Escribía Alfredo Moreno este pasado fin de semana en Diario de Plasencia que la ciudad merece más, que el proyecto de Fernando Pizarro García-Polo está acabado. Moreno se equivoca. Nada puede estar acabado si no se tiene o no se comienza. Y el alcalde no ha concluido ni una sola de sus promesas electorales de 2019; por eso merece un puntapié y por mentiroso, por utilizar a su periódico de cabecera y a su premiada periodista para decir que se reunirá urgentemente con Fernández Vara. Esto pasó hace cinco o seis meses. La reunión ni se ha producido ni se producirá, porque el presidente de la Junta no es un pelele como él.
En Plasencia huele a podrido dede el 2011, fecha en que el PP recuperó la plaza sin esforzarse mucho, debido a la mala praxis de la anterior alcaldesa. Fernado Pizarro García-Polo ha construido una ciudad mortecina, que huele a la lavanda que colocamos en los roperos y que no avanza porque no anda. En el hipotético caso de que Alfredo Moreno sea alcalde de Plasencia, tendrá que adquirir extintores y ambientadores; los primeros, para apagar el fuego que consume el Ayuntamiento, los segundos para quitarnos de encima este olor a podrido, a podredumbre, que se ha instalado en nuestras fosas nasales y no sale ni a la de tres.
Plasencia necesita un cambio radical, pero no extremista, no se confunda lo uno con lo otro. Y ese cambio solo puede dárselo el PSOE y Alfredo Moreno. Continuar apostando por Pizarro es hacerlo a caballo perdedor y bastante se ha perdido ya en doce años como para seguir cayendo al pozo otros cuatro.













El problema es que, como dijo aquel insigne «filósofo», en Plasencia hay mucho plasenciano «tonto del to’… no pa’ un rato… Del to’ y pa’ siempre!»
No huele a podrido apesta a podrido, pero desde la adjudicación.
El PP ha cometido un error al dejar presentarse a un Alcalde-sacristán como es Fernando Pizarro García, ya muy quemado al no haber hecho nada por la Ciudad. Un Alcalde que solo ha sabido de gestion lo que es el postureo, su mendacidad no tiene límite, no conoce la verdad, solo gestiona y bien los anuncios con humo, las fotos y control de los medios de comunicación bien pagados. No se conoce exactamente el presupuesto gastado en medios pero supera muchos miles de euros. Su verborrea es el cebo que utiliza para encantar serpientes que las queda boquiabiertas. Va a un barrio y solo con su presidente amigo y controlado se hace la foto y extiende todo un capítulo de acciones en el mismo con una facilidad pasmosa y que repite año a año y suma y sigue y nadie es capaz de decirle: «Esto no es lo mismo que prometió el año pasado? Y vuelta a empezar a otro barrio. AsÍ suma y sigue.Todo un bluff…
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