Frente al temor a los inmigrantes, estos percibidos por algunos como una amenaza para la cohesión social y la identidad nacional, en los últimos años hemos asistido a un cambio de paradigma que percibe a los inmigrantes como auténticos activos para los mercados laborales nacionales y el sistema de bienestar, impulsando por ello el desarrollo económico.
En términos económicos y dentro del mercado laboral, la llegada de inmigrantes se suele acompañar con un aumento de la oferta de trabajo que sin embargo ofrece un shock que ejerce presión a la baja sobre los salarios de los nativos. Aunque, sin embargo, la estructura productiva de un país es mucho más compleja y ello hace que esta conclusión, en general, no sea válida.
Fuera ya del perímetro del mercado laboral, otra área que suele centrar la atención cuando se analiza el impacto de la inmigración es la competencia que ejercen los inmigrantes en el uso de los servicios públicos. Sin embargo, como ocurre en el plano laboral, cabe valorar adecuadamente todos los factores. En algunos casos, puede que existan nativos perjudicados por la llegada de los inmigrantes. Un ejemplo paradigmático es el efecto desplazamiento (crowding out effect, en inglés) que pueden sufrir los nativos más pobres en el acceso a la vivienda social. Sin embargo, la entrada de inmigrantes también suele ir acompañada de un aumento de la actividad económica y, por tanto, de la recaudación en términos monetarios principalmente sobre las arcas estatales, vía contribuciones a la seguridad social o IRFP.
Con la inmigración la prosperidad se generaliza: ya que un aumento de la proporción de inmigrantes hace subir el ingreso promedio por persona del 90% de la población que menos gana y del 10% de los que más ganan, aunque los inmigrantes más cualificados benefician más el ingreso promedio de la población mejor remunerada. Además, la presencia de inmigrantes no parece agravar la desigualdad del 90% de la población con los sueldos más bajos.
También es cierto que los inmigrantes que llegan a las economías avanzadas hacen crecer el producto y la productividad tanto a corto como a medio plazo. En concreto, un incremento de 1 punto porcentual del flujo de entrada de inmigrantes sobre el empleo total provoca un aumento del producto de casi el 1% en el quinto año de estancia en esta economía.
Todo esto hace pensar que, si las migraciones están bien gestionadas, son rentables para los países de acogida y para los inmigrantes mismos. Pero con ciertas condiciones: que estas personas que llegan puedan poner en valor sus competencias, integrarse en el mercado laboral y contribuir fiscalmente. De hecho, se ha demostrado que en todos los países de la OCDE sin excepción los inmigrantes contribuyen más en cotizaciones sociales e impuestos de lo que reciben en concepto de prestaciones individuales, educación y sanidad incluidas. Incluso si se incluyen bienes públicos como infraestructuras, policía o justicia, el balance final es positivo. En el caso de España, por ejemplo, los inmigrantes contribuyen a financiar el 13% de los gastos militares, del Estado central y del coste de intereses de la deuda.
Bajo mi opinión la inmigración necesita de políticas públicas para acompañar a los inmigrantes en los países de acogida, para esto hay varias opciones. En esta disyuntiva, está el caso de Canadá, que selecciona su inmigración: el 60% tiene un diploma superior. Los que llegan a Canadá reciben un curso de idioma, se les ayuda en la equivalencia de títulos, se les asesora con la vivienda. Es una inversión económica, para sacar provecho de las competencias que llegan de fuera. A los inmigrantes hay que acompañarlos, si no, se quedan al borde del camino y supondrán para los países un coste.
En contraposición a todo lo anterior, uno de los principales problemas que tiene la inmigración y que impacta negativamente sobre los mismos migrantes y en contra de la citada cohesión social, sin duda alguna es la trata, bajo mi punto de vista esta lacra empezaría a reducirse considerablemente con la inclusión y determinación de la inmigración como contenido del concepto stakeholder dentro de las organizaciones ya que entonces la frecuencia delictiva de las mafias de la inmigración quedaría al menos frenada dentro de los parámetros de la autoridad laboral.













Raro es que no haya familia extremeña que no tenga algún familiar emigrado , exportamos talento , no solo mano de obra … Los que emigraron hace mas de 45 años , además de faltar en esta tierra , han dejado descendencia en su nuevo destino , por lo que según el INE dice que somos un millon de personas en Extremadura más otro millón que emigraron , más la descendencia de este millón que emigró , tirando a la baja , son tres millones de habitantes lo que tenia que tener nuestra Extremadura , los pantanos trajeron prosperidad, pero más prosperidad fue , donde las fábricas y buenas comunicaciones se pusieron