AArturo Pérez-Reverte y los que razonamos como él nos acompaña el sentido común muchísimo mejor que a Salvador Gutiérrez Ordóñez y los otros académicos que después de “fazella no quieren enmendalla”.
El abuelo Ángel Pérez Pérez, de Avilés, entiende y desea que su nieto adicto a las peras se coma más de dos y le es indiferente si se las come solo o acompañado.
Si viviera Emilio Alarcos Llorach, mi maestro fonólogo, acompañado de Lapesa y Zamora Vicente, este desaguisado académico no hubiera tenido lugar, estoy seguro.
Alarcos con su fonología y su tercera articulación e hijuelas, nunca hubiera redactado unas nuevas normas tan ambiguas como las que han aprobado sus sucesores hace diez años tónicos conviviendo con sílabas átonas.
No se trata de corrección versus claridad. Es cuestión de sentido común cuando los académicos aprueban una nueva norma sin ambigüedad manifiesta.
Me encanta el microrrelato del abuelo Pérez de Avilés de la soledad y el sabor a peras del comer de su nieto. Comparto contigo el microrrelato: La tilde de solo.
Me escribe mi nieto: “Hoy me he comido solo dos peras.” La verdad, no lo entiendo, porque nunca come solo y, si no está acompañado…, eso de que solo se come dos peras no se lo cree ni él. ¡Le gustan tanto! (Ángel Pérez Pérez Avilés”, en El País de 06-03-2023).
Me acabo de enterar, gracias a Hey Google por la BBC, que Mario Vargas Llosa, mi condiscípulo en Beni Alonso Zamora Vicente, también acompañó en voto a favor de la tilde a Arturo Pérez-Reverte.
Habrá que ver el acta académica histórica y verificar si esas normas nuevas se aprobaron por dos tercios o por mayoría simple. Está claro que no fue por unanimidad.
Este reality lingüístico coincide con el dicho que he oído hoy en boca de un hablante panhispánico sobre un cliente que pide un presupuesto para la compra de un cerdo:”Quiero un cochino, de muchas arrobas, que pese mucho y que cueste poco.” Parafraseando al comprador del guarro, como usuario solicito una norma que rezume calidad, brille en claridad y que no genere ambigüedad.
La Mecedora Habladora, que es muy guasona, se sonríe cuando se entera de que los tildistas y anti-tildistas andan a la greña y me casca: “Chacho, Antonio querido, no te enteras, los académicos tildean y antitildean escribiendo ad libitum como en las partituras musicales. Son libres y dejan libertad de tildear y antitildear. Además de libres, los académicos son liberales”.












