En estos días están compitiendo atletas de medio planeta en el campeonato del mundo de atletismo de Budapest, me he acordado de lo que le ocurrió hace ocho años a Pawel Fajdek.
Pawel Fajdek es un mocetón polaco de 1,86 m de altura y 128 kilos de peso que ha sido hasta la fecha cinco veces campeón del mundo. Tiene pinta de gafapasta, pagafantas o como se diga y barba de cinco días. Se parece al viejo de la película “Up” pero en joven y atocinado.
Para celebrar que fue campeón del mundo y que le dieron una medalla de oro porque fue capaz de lanzar un martillo de siete kilos y pico hasta 80,88 metros, se ha cogido una tajá como un piano. Por la pinta, se bebía las litronas de tres en tres. Y los gintonics antes incluso de que terminaran de preparárselos.
Cuando despertó por la mañana en la habitación del hotel de concentración con una resaca del quince, se dio cuenta de que no tenía la medalla de oro. Con lo que le había costado ganarla.
Le tuvieron que recordar que se la había dado al taxista chino que los llevó a él y a sus amiguetes por ahí de fiesta, en pago por los kilómetros que indicaba el taxímetro.
Si alguna vez me preguntan que con qué famoso me iría de fiesta, ya me he aprendido el nombre de Pawel Fajdek de memoria, vale su peso en oro, en oro de medalla.
Fin.












