De todos estos libros, recuerdo vagamente el de la historia del tipo que pasó un martes con su viejo profesor. Luego me enteré de que ya era famoso porque antes había publicado un libro titulado «Las cinco personas que encontrarás en el cielo» (no veinte, ni ochenta y cuatro, cinco). Qué cosas.
Y si hablamos de mis zonas erróneas. El libro empezaba fuerte contando un cuento de un gusano borracho o algo así, y terminó diciendo que cada día es un deleite siempre que te ames mucho. Deleite dice. Con citas insuperables como aquella que dice: «Pienso seguir siendo lo que he sido siempre». Me cachis en los mengues.
En «Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus» te cuentan de qué modo el dinero puede causar problemas y te enseñan a escribir cartas de amor. Pero lo más emocionante es la lista de los 101 modos de ganar puntos a los ojos de una mujer. El punto 24 dice: «Abrázala cuatro veces al día». Venga ya, no seas pesao, tío. Pero la cosa va a peor: «Llámala desde el trabajo para decirle te quiero».
El punto 28 dice: «Si ella te lava los calcetines, dale tú la vuelta para que no tenga que hacerlo ella». No invento nada.
¿Y qué hago yo con el punto 55, yo que no tengo carnet de conducir? 55: «Ofrécete para conducir el coche en los viajes largos».
Esto es un sinvivir. Pero la lista se remata con el punto 101: «Deja bajado el asiento del water». ¿Si ella lo quiere levantado, le digo que es porque lo dice el punto 101? Qué puntazo.
Y yo qué sé si está lleno su cubo. O el mío. Ya no sé ni lo que digo, pero como encuentre a quién se ha llevado mi queso le voy a tatuar entero «La alegría de vivir» mientras recito «El alquimista», en la zona errónea de la que más se avergüence.
Fin












