Los saboteadores son aquellas personas que, aun deseando lo mejor para nosotros, transmiten sus miedos que, habitualmente, son más grandes que sus confianzas. Se ven obligados a expresar sus sentimientos negativos de manera constante, inmediata y sin filtros. Inconscientemente, comienzan sus alocuciones con: “No se puede” o “Es imposible” y al preguntar con: “¿No tendrás?” o “¿No sabrás?”, induciendo así al interpelado a la respuesta fácil que es la repetición del enunciado negativo.

En grado superlativo es: “¡Si ya sabía yo que no!” y a renglón seguido la satisfacción por la premonición catastrofista y dañina. Pareciendo meritoria cualquier adivinación contraria a los intereses generales o incluso a los propios. Bien criticando y quejándose por todo y de todos, bien prohibiendo o asustando a los teóricamente débiles e inferiores en su exclusiva y excluyente escala de valores.

Tal pareciera que se tratase de seguidores del astrólogo y converso Nostradamus quien, a pesar de su inconcluso currículum académico cursado en las universidades francesas de Montpellier y Aviñón, es famoso por la publicación en 1568, de “Les Prophéties” (“Las Profecías”).

Nuestros saboteadores contemporáneos son los practicantes de este deporte autóctono consistente en dañar o generar pérdidas al empleador, al Estado o a quien se tercie; buscando perjudicar como manifestación de un reclamo. Licenciados en “Retardo del momento presente y censores trasnochados”, doctorados en “Economía sumergida y trueque” y catedráticos en “Trabajos en negro, sin factura y en hurtar a la Seguridad Social”, al tiempo que alardean en vano de su españolidad. Específicamente señalo a todos los que de pensamiento, palabra, obra u omisión pecan de esta manera y socaban el estado de ánimo del resto de las personas.
Sería desde mi punto de vista muy de agradecer que, los anteriormente citados, evitaran hacer daño y crítica permanente contra cualquier servicio, idea o actuación estando, sin duda, predispuestos a una forma de lucha o protesta en beneficio propio y contra el sistema democrático que paradójicamente los ampara.
Es devastadora y sibilina la acción de sabotaje efectuada por los enemigos de las reformas efectuadas en los últimos casi cincuenta años (cerca de medio siglo de crecimiento continuado, con mejora evidente y sostenida del nivel de vida y del bienestar del conjunto de la ciudadanía), pese al entorpecimiento malicioso, interesado e intencionado de una cada vez más escasa, egoísta y perjudicial reminiscencia de antaño.
Por todo lo anteriormente expuesto, invito a esta minoría a que module y corrija este alarde eterno de ignorancia en forma de expresión negativa de la vida y les aclaro que no necesitamos más cenizos, pesimistas, embusteros, corruptos, gafes, tristes ni orgullosos saboteadores. La mayoría de españoles no aceptamos ningún boicot, obstrucción o complot. ¡Cansinos! ¡Qué sois muy cansinos!

¡Viva España!












