Vox mediante, para el PP, la aplicación del 155 se queda corto. Primero quiso acabar con el “Sanchismo” y la última ocurrencia del moderado de Feijóo es ilegalizar a los partidos y organizaciones civiles que promuevan la independencia, Vox mediante. Y aún, necesitan muchos que explique su alternativa política. Una vez más, los “constitucionalistas” de la derecha confrontan radicalmente con uno de los valores de la Constitución como es el reconocimiento a la pluralidad política, incluido el republicanismo o el independentismo.
Feijóo ya tuvo problemas de comprensión con la Constitución al no entender que la soberanía de España reside en las mayorías parlamentarias. Ahora alguien debería explicarle que nuestra Carta Magna no exige un apoyo militante del texto, a diferencia de otras como la alemana. La Constitución es lo suficientemente garantista como para no matar moscas a cañonazos. Me imagino al PP en el poder, persiguiendo a más de doce millones de españoles por “deslealtad constitucional”, y no doy crédito a la grosera propuesta intelectual de una España basada en la amputación de sus partes.
La crisis del 2011 ya nos dejó la enseñanza de los gobiernos de España y Cataluña al percibir que la fuerza de la calle ponía en riesgo sus culos y optaron por fabricar solidariamente la “ley Mordaza” de 2015. Algunos de los futuros amnistiados pedían mano dura ante las protestas sociales frente al “Parlament de Catalunya” y no tuvieron escrúpulo alguno al querer acabar con derechos constitucionales cuando venían mal dadas debido a la presión de los movimientos sociales y sindicales.
Pues ahora el PP, Vox mediante, plantea una España unida basada en el sometimiento de las ideas, por la vía del endurecimiento del Código Penal, definiendo lo que debe entenderse por “lealtad” a la Constitución. Tras los independentistas, cualquier día nos dirían que es una deslealtad ser republicano, sindicalista o mahometano. ¿O acaso nuestra Constitución, en estos momentos, manda perseguir a partidos que pretendan la disolución de la organización territorial de las Comunidades Autónomas?
Parece como si en el laboratorio de unos doctores pueriles se hubiese llegado a la conclusión de que dado que la aritmética parlamentaria no les sale, asumiendo la incompetencia de la derecha para posibilitar el diálogo entre los diferentes, entendiendo como una salida rápida a la disidencia perseverar en una amplificación de la Ley Mordaza, llegarán a la fórmula que les devolviera la calma.
En conclusión, fracasado el Gobierno de Rajoy con la realización de dos referendums, la aplicación de un 155 y la desconexión de Cataluña, proclamándose una República durante siete segundos, la aspiración de un rodillo penalista solucionaría los conflictos que genera la uniformidad pretendida por la derecha extrema y la extrema derecha. Es decir, pretender mediante un acto circense de magia, hacer desaparecer del mapa de España a aquellos que hoy conforman gran parte de la diversidad que proclama nuestra Constitución.
La Constitución que nos ofrecen los autodenominados “constitucionalistas”, es una invitación a la fuga de muchos españoles, a la exclusión y a una mirada encorsetada para limitar los derechos, ahora vigentes, de los otros.
Hay que estar desubicado para utilizar el espíritu de la Constitución del 78, pretendiendo hacer una España reducida y no más amplia, dejándonos ser españoles desde una realidad irreversiblemente poliédrica. En España caben hasta los tenderetes de “me gusta la fruta”, piñatas para linchamientos metafóricos, fachachalecos con cacerolas, rezos contra la amnistía o quema de contenedores en la calle Ferraz. Eso sí, mucho mejor en las calles que en la Moncloa.













Resulta curioso que no les importan los nacionalismos propios, pero si los ajenos. ¿Por qué será?
El nacionalismo españolista provoca nacionalismos periféricos. Es una relación directa que les interesa a unos y otros. Salud